viernes, 24 de julio de 2026

Un día más (uno menos)

Existe un profundo gozo
cuyas raíces crecen en el alma
cuando nos sumergimos en el atardecer
y aceptamos con gratitud el día ya ido,
abriéndonos esperanzados 
al sueño venidero,
siendo magnánimos en el duelo 
de lo no cumplido,
de lo esperado y que no vino, 
y sentir la locura
del «quizás mañana» sea, 
tal vez mañana, amigo...
 
 

 

domingo, 8 de febrero de 2026

Al borde del olvido

Ayer volví a visionar Far from the madding crowd (lejos del mundanal ruido). Contemplar a la Christie en toda su esplendorosa madurez, no tiene precio...

Pues por donde la foto que acompaña este texto anduve yo esta mañana, lejos del Sánchez y de su cohorte bien comida, de la derecha bipartita y de la izquierda progre y discapacitada, con mi poeta de cabecera Don Antonio Machado, haciendo caminos en la reseca mar de tierra y piedras castellana; inmóvil océano de olas ocres y solitarias por donde surfean el lagarto y la liebre, árido escenario despoblado de barcos y marineros, aquellos que haciendo surcos en el suelo daban de comer a todo el mundo.

En la foto, uno de esos caseríos abandonados, barcos sin vela ni gobernalle ya varados en su propia memoria, olvidados, mudos con sus chimeneas sin humo ni uso y sus escasas ventanas que ya no alumbran el hueco negro de la noche ni por las que nadie mira, o sueña que mira o espera invitado alguno... Muros que ya no abrigan a nadie, meros recuerdos de lajas y arcilla al albur de la intemperie, a merced de las olas del tiempo, imagen prístina en lo que este caminante devendrá cuando las manecillas de mi reló señalen la hora del olvido, el momento del regreso a casa.

 


 

jueves, 6 de marzo de 2025

Ella, eterna

 

¡Qué curioso...! La luz que a ella abrazaba y sacaba de las tinieblas era la misma que a mí me deslumbraba, dejándome sólo con su desindentificada y difusa
silueta.
Era ella, sin duda, pero podría haber sido otra.
Después de todo, Ella es el compendio y museo de todas las siluetas de mujeres en mi vida, con su perfil oscuro entreverado de sol y noche, sin rostro aparente, aunque todas tengan el mismo rasgo común, eso que las identifica como la única Ella, la que desde siempre me ha llenado la mirada de sombras a contraluz mientras una a una se alejaban....

domingo, 13 de octubre de 2024

Happy together

 


Y fueron felices -y fuimos felices- y se comieron todas las perdices habidas y por haber, perdices que compartieron con millones y que devoramos con el hambre atrasada de decenios paridos en un país cuartelario recién salido de "otra" guerra, con sus trágicas páginas llenas odio, vergüenza y estampas en gris y luego sepia. Y sabido es que más tarde se separaron, como tantos otros y otras, se dijeron adiós y las puertas del Paraíso se cerraron con estrépito...Nevermore, que diría Poe y su diabólico cuervo.

Se intentó por todos los medios que aquel divorcio fuese un hasta luego; se pergeñaron leyendas, se erigieron altares, se levantaron iglesias con las columnas de sus bellos decibelios, se alzaron apóstoles de la causa y se entronizó al Sargento Pepper como supremo pontífice de la religión del Club de los Corazones Solitarios, pero por esta vez los evangelios no anunciaron resurrección posible y todos, absolutamente todos, fuimos condenados a vagar por los reinos de la nostalgia durante un tiempo...Hasta que volvió a amanecer y a anochecer mil veces mil, pero por la Callejuela del Penique ya no paseaba nadie; tampoco la muerte faltó a la cita y por dos veces llamó a las puertas del olvido, ese infierno del hombre a donde todos, absolutamente todos, estamos abocados sin remedio...
Pero los que ya peinamos canas y estamos alcanzando las cimas del calendario de las edades, podemos declarar con justeza y llenos de razón y sentimiento, que tocamos el velo de la belleza y casi se lo levantamos con impúdicas manos, cuando nos sentimos rescatados del orfanato de la mediocridad sonora y nos trasladaron a los abundantes y feraces Campos de Fresas, donde nada era real, sí, pero nos importaba un comino, porque más allá de sus melenas, de sus equilibrios musicales, de sus excéntricas poses, estaba ese cielo donde manaba la abundancia y el delirio...Luego, ocho años más tardes, las luces del salón se apagaron, las perdices se acabaron, la dama se nos marchó con otro -y el príncipe se fugó con la corista, chicas- la inocencia se marchitó y amaneció otro lunes cualquiera.
Ahora nos sentamos a escucharlos con devoción, les pasamos las copias a los hijos y nietos, les contamos batallitas de aquel sublime tiempo no exento de riesgos en el que el mundo fue joven, muy joven; pero ya nada es igual, porque aquellos dioses eran nuestro pan y nuestro vino, pan y vino que devoramos y que con las migajas que quedaron sólo se amasan recuerdos que poco a poco van perdiendo el color, y que ya huelen a historia en sepia.
Con nuestro propio adiós, cuando sea que acontezca, la historia, la grande y general historia de nuestros días pondrá el último compás, la postrera nota; y entonces sí, es posible que del polvo enamorado de aquellos cuatro locos y de nuestra enamorada memoria surja alguna melodía interminable...I want to believe.... 


domingo, 15 de septiembre de 2024

Mi hermano del alma se me fue a los cielos

 

- ¿Está Bartolo?

Ni aldaba, ni timbre, ni pestillo que asegurase la puerta, adentro se oía la voz de su «mamítami» que invitaba a pasar; porque Bartolo estaba, como todos los días de aquellos veranos venturosos, esperando a la peña para salir a jugar a los juegos creados por nuestra fértil y casi recién estrenada imaginación.

He dejado pasar unos días esperando que los ecos elogiosos y elegíacos se apagasen de tanta gente que tanto te quiso y respetó, para aventurarme a ponerte por aquí unas letricas y bucear en los gruesos retazos que de ti guardo en mi memoria, episodios vitales vividos por mí junto al que fue más que un amigo, mi iniciador en la lectura, en el cine, el de las charlas académicas -paseo arriba/paseo abajo y vueltas y más vueltas- que me hicieron universitario sin haber pisado la Facultad, mi psicólogo y confidente cuando la vida se me puso muy cuesta arriba, mi hermano de lo vivido y dicho (tanto hablamos, de todo lo humano y divino y más allá..) aunque nos parieron madres distintas.

Me he quedado muy solo, Bartolo, mudo y sin saber a quién remitir la palabra sustantiva y calificativa con la que coincidíamos casi siempre cuando conversábamos sobre cualquier asunto al que nuestra curiosidad nos empujaba, sin la escucha atenta que tantas veces me prestabas y los sabios consejos que me regalabas. A ver dónde derramo yo ahora mi inquieta y a veces (así me lo decías) romántica forma de ver la vida y sus gentes, mis aventuras literarias, mis impresiones cinematográficas, nuestra biografía de juegos, celebraciones y penas...

Ayer me acordé de Manolo (¡cómo le queríamos!) mientras paseaba por la Atalaya; me vino el recuerdo de aquellas maldiciones que gritábamos contra todo y contra todos desde la cumbre airosa en la que tiene su hogar la patrona ciezana. Sin voto ni tendencia reconocida, no adscritos a corriente alguna ni a personaje ya fuere humano o divino, nos desahogábamos «a grito pelao» llenando el aire de nuestro natural inconformismo y en cierto modo revolucionario....En esta sociedad de hoy en día, basta con dudar de todo para serlo, ¿verdad?

Ahora ya sois dos; a ver si desde el Cielo y alzando el grito en compañía de algunos ángeles de nuestra cuerda y nuestro común sentir, rompéis la negritud (tú añadirías la vulgaridad) de estos tiempos que pretenden acabar con todo lo bueno, bello y justo del mundo que ambos conocisteis y que yo compartí con vosotros. Y si dos sois pocos, hacedme un hueco en el coro que uno, sin prisas pero sin pausas, ya mira horizontes aún lejanos, quizá, pero ciertos, añorando vuestra compañía.

- ¿Está Bartolo?

La Antonia, la «mamítami», contesta con su voz clara a pesar de la distancia:

-¡Pasa, Pedro Luis!

Nos separa el tiempo, pero tu reloj está ahora parado y el mío corre ya que se las pira. Espérame, hermano, que nos quedaron muchas cosas de que hablar. Terminaremos por arreglar el mundo, ya verás.

 

sábado, 27 de julio de 2024

Divina rutina

Salir bien "trempano" al amor breve de la fresca de la mañana, calzarse las alpargatas de andar, meter agua en abundancia en la mochila, una manzana o un melacatón recién sacado del frigo, calarse la gorra p'a que el sol no hiera y luego, al compás de las piernas, despejar los pulmones de flema y darle al corazón ritmo de marcha, un-dos, un-dos...

Luego llegas de vuelta al hogar, cansaíco, atorao de calor y bañaíco en sudor, te duchas, te vistes, te pones desodorante bajo los sobacos, te peinas si aún tienes pelos en la azotea e inmediatamente te sientas en tu rincón preferido de tu casa y te abres una birra bien fresquita.Escancias en un vaso el rubio licor bigoteado de espuma (un dedo, no más), das el primer sorbo con los ojicos cerraos de gusto y rezas una simple y sincera oración: Gracias, muchas gracias.


 

miércoles, 8 de mayo de 2024

Estad en vela


 

Se había despertado en plena madrugada y sintió que el sueño había huido del lecho, así que sin saber qué hacer a aquella hora intempestiva de la noche, se sentó en la cama mientras contemplaba en silencio los cientos de ventanas de los edificios que tenía enfrente.

Muchas de aquellas ventanas estaban iluminadas, lo que le hizo pensar que posiblemente tal como a ella le había ocurrido, el insomnio les había sorprendido en mitad de la noche despabilando a gentes que no teniendo otra cosa que hacer ante la imposibilidad de volver a conciliar el sueño, se hallaban ahora como ella sentados en sus lechos contemplando la multitud de luces de las otras ventanas de los edificios cercanos.

Una rara sensación de irrealidad le llenó por unos instantes.. «Nos vigilamos, yo a ti y tú a mí; somos testigos en vela del momento; aquí estamos, tú, yo y todos, esperando volver a sumirnos en la inconsciencia, esperando que el dios del sueño acuda a nuestra alcoba y nos meza en sus brazos...»

Los habitantes de aquella bizarra colectividad nocturna se observaban sin ser vistos desde la distancia amparados en la oscuridad que resguardaba su absoluto anonimato, pensando los unos en los otros, imaginándose formas, figuras, rostros, intentando adivinar qué pensamientos, sentimientos o emociones adornaban su desvelo.

«¿Cómo me piensas, qué forma me das?». Su mirada recorría las ventanas con luz y un misterioso halo de descubrimiento se abría poco a poco en su interior. «Tú eres el Otro y yo lo soy para ti, el desconocido, la desconocida, tan lejos tú de mí y yo de ti, y sin embargo tan cerca, ¿verdad?»

Muy probablemente a muchos de ellos y ellas se los había cruzado cada día por la calle, en los pasos de peatones, en el super, en la peluquería, pero nunca se había detenido a hablarles, a dedicarles un «buenos días o buenas tardes o noches»; eran personajes anónimos que conformaban su paisaje urbano diario pero a los que casi nunca les había prestado un mínimo de atención, actitud mutua que todos compartían entre todos a todas horas, todos los días...

Pero ahí estaban, todos ellos, yo con ellos y ellos conmigo, sin tener conocimiento de que nuestros ojos, los míos y los suyos, escudriñaban al vecino y quizá entonces todos, ellos y yo, estábamos dedicándonos por vez primera a descubrirnos, a saber que «ahí afuera» hay gentes huérfanas por una noche del sueño que nos descansa, nos oculta, nos evade, nos refugia y nos entrena para eso que algunos califican como El Gran Silencio.

Por eso le sorprendió cuando de pronto y desde el silencio de aquella hora en la que extrañamente la vigilia había apartado al sueño, se vio a sí misma hablándoles a todos ellos con palabras que le surgían desde muy dentro.

Sus labios apenas se movían y las palabras salían de su boca como por ensalmo, suavemente, mezcladas con silencios dulces que en algún lugar muy dentro de ella, un lugar muy suyo y desconocido hasta ese momento, algo muy íntimo de cuya existencia nunca antes había sospechado siquiera estaba deleitándose de aquel íntimo discurso con un placer cercano al éxtasis que la inundaba hasta las lagrimas.

Eran palabras nacidas de un amor extraño del que jamás antes fue consciente, que pretendía llegar a todos aquellos que envueltos en la luz tenue de la madrugada y sentados en sus lechos, despiertos, estaban viviendo y compartiendo el singular hecho de estar comunicados por un mismo sentimiento a través del aire insomne que recorría la noche.

Una sensación de intimidad, de pertenencia, de vidas compartidas en definitiva se instaló en su pecho y el corazón respondió con latidos más acelerados y profundos.

El amanecer abrió sus puertas a un nuevo día y Elsa salió a la calle como todos los días a desayunar en el bar de la esquina, al trabajo, al trajín diario al que malamente estaba acostumbrada.

Pero ya todo no era igual.

Alguien pasó por su lado, lo miró fijamente a los ojos y le estampó un sonoro «buenos días». Quizá he sido un poco brusca, se dijo. Al instante, una amplia sonrisa se dibujó en su boca. Un primer paso, se dijo, un escalón subido. Seguro que quedaban más, muchos más, pero empezar a subir es ya un poco como haber alcanzado la cumbre, se dijo.

 

 

miércoles, 1 de mayo de 2024

El eterno presente

La visión mística - Erwin Schrödinger, Premio Nobel de física:

La situación concreta que se describe a continuación podría ser sustituida por cualquier otra con idéntico resultado; no tiene otro objetivo que hacernos ver que hay situaciones que necesitan ser experimentadas, y para las que no resulta suficiente un puro conocimiento conceptual.

Supongamos que estoy sentado en un tronco junto a un sendero en una región de alta montaña. Estoy rodeado de laderas cubiertas de hierba, de las que emergen aquí y allí abruptamente algunas rocas; en la ladera opuesta del valle diviso un pedregal entreverado escasamente de arbustos de abedules. A ambos lados del valle, la vegetación trepa en pendientes escarpadas hasta alcanzar la línea de pastos donde cesa el arbolado; enfrente, remontándose desde las honduras del valle, se yergue poderoso un pico, de cuya cumbre desciende un glaciar entre suaves hondonadas cubiertas de nieve y agudas aristas rocosas, que en este momento acarician, tiñéndolas de un suave color rosa, los últimos rayos del sol poniente, destacándose todo ello en maravilloso contraste sobre el fondo azul, pálido y transparente, del cielo. Según la forma ordinaria que tenemos de ver las cosas, todo eso que estoy viendo ha estado ahí durante miles de años antes de ahora, fuera de algunos cambios sin importancia. Dentro de algún tiempo, no mucho, yo habré dejado de existir, y esos bosques, esas rocas y ese cielo seguirán estando ahí más o menos igual durante miles de años después de que yo haya desaparecido.

¿Qué es lo que me ha sacado de la nada de un modo tan repentino, a fin de gozar por tan corto rato de un espectáculo al que resulto absolutamente indiferente? Las condiciones que han permitido que yo exista son casi tan antiguas como las rocas que contemplo. Durante miles de años, me han precedido otros hombres que se han esforzado, han sufrido, han engendrado, y otras mujeres que han parido a sus hijos con dolor. Tal vez hace cien años estuvo aquí mismo sentado otro hombre, y como yo, estuvo mirando a esa luz feneciente reflejarse en el glaciar, sintiéndose entre nostálgico y sobrecogido en su corazón. Como yo, había sido engendrado por un hombre y había sido parido por una mujer. Había sentido penas y breves alegrías en su vida, como yo mismo. ¿Era alguien distinto de mí? ¿No era tal vez yo mismo? ¿En qué consiste mi yo? ¿Qué condiciones fueron necesarias para que lo concebido esta vez fuera yo, justamente yo y no otro? ¿Qué significado científico claramente inteligible puede realmente corresponder a ese “otro”? Si mi madre hubiese vivido con otra persona distinta de mi padre y hubiese tenido de él un hijo, y mi padre hubiese hecho otro tanto, ¿habría yo llegado a ser? ¿O es que acaso vivía yo ya en ellos, y en los padres de mis padres, y así sucesivamente, desde hace miles de años? E incluso si fuera así, ¿por qué yo no soy mi hermano, o por qué mi hermano no es yo, o no soy yo alguno de mis primos lejanos? ¿Qué es lo que justifica el que nos empeñemos tan obstinadamente en descubrir esa diferencia - la diferencia entre mi propio yo y los demás - cuando objetivamente lo que hay en todos es la misma cosa?

Al pensar y ver las cosas de esta manera, es posible que de pronto caigamos en la cuenta de la profunda verdad que alberga la convicción básica del Vedanta: no es posible que esa unidad de conocimiento, de sentimiento y de decisiones a la que llamamos el propio yo haya saltado de la nada al ser en un momento dado hace apenas un poco de tiempo; más bien, ese conocimiento, sentimiento y decisión son en lo esencial eternos, inmutables y numéricamente unos y los mismos en todos los seres humanos, más aún, en todos los seres dotados de sensibilidad. Pero no en el sentido de que cada uno de nosotros sea una parte o una porción de un ser infinito y eterno, o un aspecto o modificación del mismo, como en el panteísmo de Spinoza. Porque entonces seguiríamos topándonos con la misma pregunta embarazosa: ¿qué parte o qué aspecto soy yo? ¿Qué es lo que objetivamente me diferencia de los demás? No es eso, sino que, por inconcebible que resulte a nuestra razón ordinaria, todos nosotros - y todos los demás seres conscientes en cuanto tales - estamos todos en todos. De modo que la vida que cada uno de nosotros vive no es meramente una porción de la existencia total, sino que en cierto sentido es el todo; únicamente, que ese todo no se deja abarcar con una sola mirada. Eso es lo que, como sabemos, expresa esa fórmula mística sagrada de los brahmines, que es no obstante tan clara y tan sencilla: Tat twan asi, eso eres tú. O también, lo que significan expresiones como: “Yo estoy en el este y en el oeste, yo estoy encima y debajo, yo soy el mundo entero.” Podemos, pues, tumbarnos sobre el suelo y estirarnos sobre la Madre Tierra con la absoluta certeza de ser una sola y misma cosa con ella y ella con nosotros. Nuestros cimientos son tan firmes e inconmovibles como los suyos; de hecho, mil veces más firmes y más inconmovibles. Tan seguro como que mañana seré engullido por ella, con igual seguridad volverá a darme de nuevo a luz un día para enfrentarme a nuevos trabajos y padecimientos. Y no solamente “un día”: ahora, hoy, cada día, me da a luz continuamente, no ya una vez, sino miles y miles de veces, lo mismo que me va devorando miles de veces cada día. Porque eternamente, y siempre, no existe más que ahora, un único y mismo ahora; el presente es lo único que no tiene fin.”

 


 

viernes, 26 de abril de 2024

Hello-good bye, Mr Masoq

Aquella mañana me levanté de la cama aturdido y con los sentidos entumecidos después de repasar las sábanas hora tras hora, insomne toda la noche. El dolor de su ausencia se amuralló en mi soledad durante las oscuras horas, hasta que vi un resquicio de luz que se colaba por la ventana. Había amanecido un nuevo día, otra jornada amarrado al dolor, supuse.

Entonces ocurrió que mientras la abría, la pena se me escapó de las manos del alma y salió volando hacia la luz de la mañana.

Intenté sujetarla con desespero pero fue inútil mi esfuerzo, al tiempo que comencé a sentir un extraño y creciente gozo al ver cómo la primavera entraba sin permiso en la estancia, ocupando el hueco de la pena amarga que la oscuridad había dejado en su huida.

 

 

miércoles, 24 de enero de 2024

Hécate, el río, la noche (poema gótico)


 

La invisible mano de aire del viento

descorrió la cortina de las nubes,

y una Hécate desnuda y pálida dejóse ver

acudiendo finalmente a la cita.

La noche se lo anunció al río y este espejeó

con la luz tenue de la aparecida.

Un amor oscuro e invisible rizó las aguas

y violetas negras surgieron

al compás de tristísimas melodías.

 

El silencio se pobló de fantasmales presencias

y en la soledad de aquellas horas,

un poso de amor mago y antiguo

cubrió el lugar de palabras jamás oídas y de caricias

que sólo los amantes ausentes sienten y comparten.

 

La noche recibió el abrazo de la diosa

y el río fue testigo de aquella arcana ceremonia.

Poco después el fuego celoso del amanecer

apagó el idilio nocturno con su ardiente presencia.

 

La noche se refugió en su memoria de sombras,

el río rompió con sus luces de agua el día

y Hécate rodó por los cielos, bajó por la mañana

hasta perderse por el horizonte, huyó del fuego

que la ocultaba y esperó, confiada y soñadora,

a que las rosas rojas del atardecer

la vistieran de nuevo con el oscuro rubor

de la amante que se sabe deseada,

con el río como testigo con su memoria de agua.

 

Bajo el manto de la noche e incrustados en ella,

la diosa vio cruzar la negra cúpula con su ancestral galope

a un sinfín de caballos minerales enjaezados de estrellas.

 

miércoles, 1 de noviembre de 2023

Samhain

 


 

Día de difuntos.
El fantasma de la memoria despierta
rumores de ceniza y huesos
por entre las lápidas del camposanto.
La luna reina en su soledad

en medio del hondo vacío sin límites
de la transparente oscuridad del cielo.

Es noche de buscar páginas atrás en la memoria
el semblante de aquellos seres queridos,
rostros que el tiempo marchitó,
muchos ya solo apariencia, deshabitados de la vida,
figuras mudas en el museo del tiempo.
Arqueología de rostros de los que brotaron
aquellas palabras que un día alimentaron
el dulce o amargo aire de nuestras vidas,
aquellas manos hechas de caricias,
aquellos labios derramados en besos, sonrisas,
aquel amor incondicional firmado con desvelos,
con cuidados, con canciones, con vivencias,
aquellas voces que te nombraban
dando fe a tu mortal existencia...

Sus pasos esta noche resuenan
en aquellos lugares por donde anduvieron
mientras vivos,
ahora ya idos,
tantos amigos, parientes conocidos,
amores, enemigos,
tantos ya, ah, tantos....

 

miércoles, 28 de diciembre de 2022

Llévame lejos, Amor

 

Llévame lejos, muy lejos,

lejos de mí y de ti,

allá donde el conocimiento

de tu carne en la mía

confunda a la noche y al día

sin horas, sin espejos.

Llévame, llévame lejos,

allá donde sienta respirar

tu verso amargo en mi piel,

donde la brisa en mi copa de hiel

escancie el vino de tus besos.

Llévame lejos, Amor, muy lejos.

 

 

 

jueves, 8 de diciembre de 2022

Vaho


 

A veces ocurre que al atardecer de uno de estos días de otoño, con la premura conque la oscuridad acosa a la breve claridad diurna que nos concede la estación, ir a ver pasar trenes puede convertirse en algo así como la relectura de aquel libro que nunca dimos por cerrado, que sigue abierto en el atril del deseo como una herida que se resiste a cicatrizar....
Establecido ya en mi séptima década de vida y estando en el lugar en el que me encuentro, la estación del tren de mi pueblo, inevitablemente mi memoria revive las entradas y salidas, pausadas, de aquellos monstruos de hierro y humo negros con su chisperío de carbón abrasado que estacionaban sus inmensas moles junto al anden de la estación, dando tiempo para saludos, abrazos, llantos y despedidas de los que venían y de los que se iban.

 Pero hoy en día los convoyes pasan raudos, como mis días, que vienen de la luz lejanísima de mis años mozos y se sumergen, y yo con ellos, en esa noche última de amanecer incierto que se nos echa encima con sigilo, discreción y una pesada carga de nostalgia, tal como debe ser.

Pasa el último tren del día como un escalofrío eléctrico que apenas modifica el paisaje de la tarde y entonces, justo después de su alborotado paso, te sitúas en el andén ya vacío y sientes el silencio apenas distraído por una suave brisa que arrastra alguna hoja seca caída de algún balcón del tiempo; es un silencio que habla de gentes a las que abandonaron las palabras y los cantos, estampas de aquel interminable verano de nuestras vidas, cuando los trenes llegaban, se detenían y podíamos tomarlos o no, sin prisas, dispuestos a penetrar en la aventura errática de nuestra existencia con la inocencia y el vigor de los pocos años en la mochila que portábamos sobre nuestras casi recién estrenadas espaldas, tan escasos de miedos, mas llenos a tope de ilusiones.
Mira, a propósito de estaciones y de trenes, de miedos e ilusiones, te voy a contar algo que me ocurrió hace escasos días, cuando una tarde y aprovechando que el tiempo de este otoño tardío aún era bueno, cogí mi auto y me fui a a recibir y a despedir al último tren del día....

 Apenas eran las seis y media, pero la tarde se desvanecía ya entre la bruma fría que se aposentaba sobre el andén desierto y las solitarias vías del ferrocarril. Los pocos pero enormes eucaliptos que adornaban el lugar iban poco a poco alargando sus sombras, y hasta el parlamento de los pajarillos que habían dado vida a los alrededores mientras el sol brillaba, fue cesando hasta llenarlo todo de un silencio al que solo la escasa brisa vespertina ponía su débil eco.

 La noche cerraba sus puertas a las postreras luces del día y en el cielo ya alumbraban algunas estrellas. Era hora de regresar, así que me encaminé al coche y mientras terminaba con la bolsa de papas que llevaba en la mano y que me había comprado por la mañana en el restaurante en el que había almorzado, saqué el paquete de tabaco y encendí un cigarrillo.

-Feo vicio, amigo- me reconvine en voz alta a mí mismo, aunque con nulas esperanzas de hacer algún propósito de enmienda

Mientras apuraba el cigarrillo, me detuve por unos instantes contemplando el silencioso paraje al que mis pasos -o mi coche, para ser más exacto- me habían llevado aquella tarde de nostalgias y recordativas varias. Las pocas farolas que por allí había, hacían su amarillento y mortecino hueco de luz en aquella oscuridad creciente. La soledad y el silencio imponían su ley en aquel lugar a aquella hora primera de la noche.

Vi mi sombra en el asfalto al acercarme al vehículo y un ligero escalofrío me recorrió la espalda. La temperatura había bajado ostensiblemente, pero era algo más. Sabía que me esperaba un hogar en donde los fantasmas del pasado hacían eco a mi memoria; todos se habían marchado hacía meses, cada uno a su labor, a sus vidas, y ya unicamente mi voz cuando hablaba solo y el soniquete machacón de la tele, rompían el silencio.

Entro en el auto y me busco la llave del encendido en el bolsillo de la chaqueta.A esto veo que llega un coche que aparca justo a mi lado.

En su interior, un chico de veintipocos años me mira sonriente; yo le correspondo si saber porqué. Meto la llave dispuesto a girarla para arrancar y salir de aquel apuro.

A los solitarios no nos gustan los encuentros inesperados, sentimos cierto pudor cuando nos encontramos con personas de nuestro mismo club; es como ver el gris de una vida en los ojos del otro como si de un espejo se tratase, así que inicio la maniobra de prender el motor y huir, pero la llave girada no logra su propósito y el motor no se mueve.

Un único «click» me hace pensar que es cosa de la batería. Un terror frío empieza a recorrerme la espalda..

Miro de nuevo al chico que me sigue sonriendo, le respondo yo también con una media sonrisa muy forzada que supongo no logra disimular la creciente angustia que me embarga en ese momento.

Vuelvo a intentar de nuevo poner el motor en marcha, pero este sigue sin responder; hace «click», y eso es todo, amigo; tiene toda la pinta de ser cosa de la batería, me digo...

- Joder, joder, joder...¡Pero si apenas hace un mes que la cambié..!

Miro a mi extraño compañero e intento transmitirle mi impotencia, y al instante observo con inquietud que el joven sonriente se baja de su coche y a través de la ventanilla le oigo pedirme permiso para entrar en el mío; le respondo con un gesto asertivo con mi cabeza, entra en el vehículo y se me sienta al lado.

- Hola, ¿qué tal? - me dice.- Parece que estás en problemas, ¿no?

- Hola, pues sí, eso parece...Vaya mala suerte... con la hora que es y lo lejos que estoy de mi casa...

- Okay, tranquilo, verás como sales de esta también -me dice mientras extiende su mano como indicándome que le de la maldita llave del coche. Por unos pocos segundos dudo si entregársela o no; finalmente accedo a su petición. A continuación veo cómo el chico acoge mi llave en sus manos haciendo un cuenco con ellas, acerca su boca a dicho cuenco y le insufla su aliento varias veces. Acto seguido me la devuelve, siempre con su sonrisa pintando su rostro.

- Prueba ahora -me dice devolviéndome la llave.

- ¿Estás de coña o qué? -le digo

- Venga, inténtalo otra vez; no pierdes nada con hacerme caso, ¿no?

Es una situación absurda, completamente surrealista, me digo. En aquel lugar solitario, lejos de mi destino, a aquella hora de la creciente noche, un individuo trata de arrancar mi coche con el extraño procedimiento de echarle un poco de su aliento a la llave del motor.

Dudo si estoy realmente despierto o no; la oscuridad debilmente taladrada por las pocas farolas del lugar, la soledad, el silencio, todo contribuye a que aquello me parezca el escenario de un paisaje onírico del que seguramente despertaré por la mañana...

Sin embargo y sin saber por qué, hago lo que me dice sin mucha o ninguna fe en su palabra. Introduzco la llave, la giro y ¡válgame el cielo, el coche arranca!

- ¡Joder, tío! ¿Cómo...cómo demonios lo has hecho?

- La verdad es que no ha sido demasiado difícil -me dice con su invariable sonrisa pintada en su boca.- Has confiado dos veces en mí, un extraño, aquí, en medio de la nada, tú, una persona muy asustadiza al parecer...

- ¿Dos veces dices? No te entiendo...

- Sí, dos veces. Una, dejándome entrar en tu coche, a mí, un joven desconocido y siendo tú un hombre ya mayor..

- Bastante mayor, digamos -le interrumpo

- Exacto, aunque no demasiado, creo.. En fin, digamos que eres un hombre probablemente más cercano a la ancianidad que a la juventud, ¿me equivoco?

- En absoluto -le respondo

- Y por eso mismo, teniendo en cuenta lo que se habla ultimamente por ahí del peligro que existe en este mundo en el que vivimos, a estas horas y en un lugar solitario, ¿verdad?

- Pues sí, en estos tiempos tan cambiantes no estamos seguros...Ancianos, mujeres y niños, sí; todos hemos visto la peli del barco ese que se hundió -intento bromear- ¿Y la segunda prueba de confianza?

- Llámalo fe, me gusta más -me corrige con su sempiterna sonrisa

Mi acompañante circunstancial hace una pausa, me mira ahora con seriedad y termina su parlamento poniéndose sus manos delante de su boca tal como había hecho hacía escasos momentos y exhala de nuevo su aliento.

- Porque has confiado en mí. Amigo, podríamos decir que tu fe te ha salvado. Seguro que te suena la frase, ¿verdad? -me suelta mientras recupera la sonrisa

Acto seguido se baja de mi coche, y poniéndose al volante del suyo sale del aparcamiento. Contemplo como hipnotizado las luces rojas que se alejan hasta que tras una curva las pierdo de vista.

No sé el tiempo que estuve así antes de abandonar yo también el lugar, tratando de coordinar mis pensamientos, darles un sentido, una ilación, buscando una respuesta lo más racional posible a todo aquello que me había sucedido aquella tarde noche en la que fui a la estación, con el único propósito de ver llegar y marcharse al último tren del día.

Sólo la magia me dejó satisfecho

 

 

 

 

miércoles, 26 de octubre de 2022

Y no hubo nada

                                                                      

 Cariño, no escribo estos versos sueltos

para que leyéndolos arrobada me admires,

tampoco los plasmo aquí

para que te enamoren ni de mí te enamores;

no busco la luz de tus ojos que apartaste

de mi senda, ni tampoco, tenlo por cierto,

el pago de un beso cuando de leer esto acabes,

ni siquiera busco que en tu silencio los declames,

ni que te los pongas en el pecho como broche

de mi promesa que jamás hubo,

porque a mis sentimientos opusiste razones

y aquí dentro no hay discurso ni lógica,

sólo y llanamente emociones.

Escribo, cariño, estos renglones rotos cuando me apaña

porque en el fondo, cariño mío, no sé hacer otra cosa

A veces, últimamente, pienso que todo fue un invento fatuo

nacido de una mente por siempre de ti enamorada.

Quedarán cenizas de amor, versos sin besos,

caricias sin respuesta, poemas que ya no entiendo, nada...

 


 

domingo, 31 de julio de 2022

El Juego infinito

 

Sentirte acompañado/a de ti mismo/a cuando estás solo/a es el comienzo de la verdadera amistad, y de ese idilio que todos/as andamos buscando desde que nos mintieron cuando se nos fue dicho que éramos parte separada, incompleta e inconclusa del Todo que nos envuelve y que nos da testimonio constante de lo que somos, Dios, tú, yo, buscándose a sí mismo/a a través del infinito escenario de la Existencia.

jueves, 21 de julio de 2022

Verano

 

 
El mismísimo infierno
parece envolver en sus páginas
de luto amarillo
a estos días de azul y fuego,
de aire abrasado cual soplo de Satán.
La vida arde sobre el asfalto
y tienen los campos encenizados
el respirar ahogado,
mientras el polvo humeante
esconde caminos a su pasar
confundido,
llameante.
Se escucha un lejano parlamento de canes
bajo el triste recinto de un solitario pino;
apenas su sombra es frontera
frente a la claridad infinita
mientras la historia de las gentes dormita
en los versos blancos de la siesta.
La noche cae enredada en su velo añil,
y entre la luna y su lucero
el viento quema sus últimas hogueras.
Fatigoso e inútil ejercicio es el dormir,
en donde al soñar se suda,
se aprende y se repasa la cama
luchando con el aire desvelado.
Por fin, la mañana
escandalosa de luz nos llama
desde su arboleda en calma,
seco océano, resaca ciega.
Es el despertar.


domingo, 10 de abril de 2022

Last supper

Y en la última cena del ultimo día

en la que estaré con vosotros,

os declararé mi amor a todos

viéndoos así, vestidos

con vuestros mejores pecados,

esperando vuestras más abyectas traiciones.

Por todo eso me entrego y muero,

vino y pan encarnado,

para que soñéis ahora con el dulce eco

de lo que mi fiel amor

-más allá de ti, más allá de mí-

os tiene en rica mesa preparado.

 

 

 

viernes, 1 de abril de 2022

Adios

 


Me fui de ti y tú de mí,
y el aire respiró azules
sobre la mies futura de la vida,
y los campos se abrieron
desnudos sin pena ni llanto,
y un millar de cantos
alborozaron las horas
en la calma silente, sintiendo
el beso de su color nuevo
y sus millones de abrazos

domingo, 27 de marzo de 2022

(Poemario de los Mundos Perdidos)


 

                                                     Yo del agua soy su sed,
                                                     del aire su aliento,
                                                     de la tierra sus pies,
                                                     tea ardiente de su fuego.
                                                     De todo soy conciencia viva,
                                                     substancia, alimento.

miércoles, 23 de marzo de 2022

Cuando un hada se enamora de un mortal

 

Las relaciones de pareja con seres mitológicos suelen acarrear grandes desgracias, sobre todo para el mortal, incapaz de adaptarse a los tiempos de la eternidad, así como al temperamento y el carácter de las hembras sobrenaturales.

Los mitos nórdicos nos hablan de una extraña pero fascinante especie de hadas conocidas como Skogsfru, muy temidas en las tradiciones populares pero añoradas durante el romanticismo, quien vio en ellas un símbolo de las urgencias del amor y del deseo que consume a sus devotos.

Las Skogsfru tienen la apariencia de una hermosa mujer con largo cabello castaño recogido en una trenza. Este es el único atributo que comparten. Pueden, de hecho, cambiar su aspecto a voluntad, e incluso asumir formas tan fantásticas como aterradoras; salvo modificar la forma del cabello, que siempre se mantiene inalterable.

Las Skogsfru solían rondar especialmente por las zonas rurales. Algunas prefieren acechar a sus víctimas desde la familiaridad de sus bosques, protegidas por los árboles. Otras, en cambio, se aventuran en las aldeas y acechan a los hombres jóvenes mientras los mayores se encuentran trabajando el campo.

Normalmente las Skogsfru utilizan su belleza natural, o mejor dicho, exquisitamente antinatural, para subordinar a sus presas masculinas; y casi siempre lo consiguen sin mayores esfuerzos. No obstante, en ocasiones las cosas se complican horriblemente.

Al parecer, las Skogsfru encuentran irresistible la energía vital de ciertos hombres, y se alimentan de ella. A cambio, ellas ofrecen un encuentro amoroso incomparable, pero al mismo tiempo tan perturbador que el mortal, una vez vaciado de fuerzas y fluidos, es presa de una melancolía tan honda que normalmente lo conduce a la locura y al suicidio.

En algunos casos, por cierto, extraordinarios, las Skogsfru llegan a enamorarse sinceramente del hombre mortal; y no permiten que pierdan la cordura aún en los momentos más críticos de sus caricias blasfemas.

Estas relaciones entre un hada y un hombre mortal suelen culminar en un desencanto absoluto. Sin embargo, contrariamente a lo que ocurre en muchas historias de amor entre hadas y mortales de la Edad Media, las Skogsfru nunca secuestran al hombre para llevarlo a su reino encantado; en parte porque tal reino no existe, al menos para ellas, y en parte porque desean asumir los hábitos de la vida secular.

El problema radica en que las Skogsfru son hadas salvajes: viven a la intemperie, alimentándose de musgo e insectos, durmiendo en cuevas o viejos árboles roídos por el tiempo, y casi siempre se sienten incómodas en el calor del hogar humano.

No importa cuánto amen a sus varones mortales, tarde o temprano las Skogsfru siempre regresan a la humedad de los bosques. El hombre abandonado nunca se recuperará de la pérdida.

Se dice que quien ha besado a una hada ya no deseará otros labios, ni tendrá pensamiento alguno que no incluya aquello que ha extraviado. Poco a poco irá perdiendo el apetito; su porte se volverá decrépito, raquítico, su piel se secará sobre los huesos hasta que el corazón, ya exhausto, invite al espíritu a desalojar el cuerpo.

Algunos explican este final trágico como una consecuencia lógica de aventurarse en los brazos de un hada; aunque rara vez se aclara si este estado deplorable es un tributo justo para un amor semejante.

En cierta forma, perder un gran amor es como asistir al funeral de uno mismo. Una parte nuestra se ha ido, pero su ausencia a menudo reclama un largo tributo de nostalgia, de dolor, de íntima sabiduría. Si regresa será una fantasmagoría, una aparición fatua que nos recuerda vagamente al original; y nosotros, apenas un otro que insiste en repetir la teatralidad de los espejos.