martes, 6 de abril de 2021

¡Decídete!


 


Tengo 5 euros para irme bien en taxi o en bus.
Si me voy en taxi no hay problema pero si me voy en bus tengo dos posibilidades: 
Que conozca a una mujer o que no lo conozca.
Si no la conozco no hay problema, pero si la conozco tengo dos posibilidades: 
Que me enamore o que no me enamore.
Si no me enamoro no hay problema, pero si me enamoro tengo dos posibilidades: 
Que me case o que no me case.
Si no me caso no hay problema, pero si me caso tengo dos posibilidades: 
Que tenga hijos o que no tenga. 
Si no tengo no hay problema, pero si tengo hay dos posibilidades: 
Que sea hombre o mujer.
Si es mujer no hay problema, pero si es hombre tengo dos posibilidades: 
Que vaya a la guerra o que no vaya. 
Si no va no hay problema, pero si va, tengo dos posibilidades: 
Que muera o que no muera.
Si no muere no hay problema, pero si muere tengo dos posibilidades: 
Que se vaya al cielo o al infierno. 
Si se va al cielo no hay problema, pero si se va al infierno.....
Bah...¡mejor me voy en taxi!

lunes, 22 de marzo de 2021

A papá

 

En esta foto, posiblemente de los años 50 del pasado siglo, figuran tres «josés» que de una manera u otra marcaron mis años de infancia y adolescencia. Destaco de entre ellos al tercero por la izquierda, mi padre, José Antonio Almela Pujante, persona cuya bondad dejó honda huella en mí, en su esposa, mi madre, en mis hermanos y en todas las personas que lo llegaron a conocer durante los 79 años en los que paseó su buen hacer, su profesionalidad y su bonhomía por el trozo de historia que le tocó vivir en este planeta; historia densa, llena de acontecimientos, unos felices, otros no tanto, penas, goces, trebajos, sucesos muchos de ellos que me transmitía en tantas y tantas noches en las que, a pie de la radio inseparable que nos informaba y distraía al acabar la jornada, supe en conversaciones inacabables de sus inquietudes, sus «aventuras» en el Madrid convulso que vivió durante su servicio militar, en resumen de su pasar por la vida apagada y gris en la que España quedó sumida tras la guerra entre hermanos casi recién terminada. Todo ello formó y conformó mi conciencia, mi carácter, mi forma de ver y enfrentarme con el día a día.

Que hoy sea «su santo» y que como padre que fue el calendario me lo recuerde, me ha traído su ser a mi memoria, memoria y recuerdos de los 32 años con los que conviví con él y que permanecen aún frescos en lo más profundo de mí.

 Hay personas, dicen, que sólo mueren verdaderamente cuando tus recuerdos de ellas desaparecen, bien por el trágico sumidero del olvido o porque pasando uno de esta vida a «la otra vida posible» tras el portal de la muerte, la ceniza y el polvo del que brotó la existencia vuelven al terruño del que cobraron vida y movimiento; lejos yo todavía de lo uno y de lo otro aunque asumiendo que ya pocas cimas del calendario me quedan por escalar, hoy fijo mis recuerdos en él, agradecido por tanto como me dio.

 Papá, algún atardecer, junto a la radio otra vez, reanudaremos las conversaciones inacabadas que se quedaron sobre la mesa mientras la mamá, testigo fiel y ocupado, finalizaba alguna de las eternas tareas de aquellas «amas de casa» de antaño, ....que si coser, que si remendar, planchar... conque las madres apagaban los días al tiempo que, sin solución de continuidad, encendían el próximo amanecer aún sin alumbrar.

Que aún tenemos muchas cosas que contarnos, compañero, papá, muchas cosas, compañero....

 

domingo, 21 de febrero de 2021

A hombros de gigantes

En aquel ya lejano año de 1968, la juventud se levantó en gritos y protestas pidiendo un mundo mejor. Las violentas manifestaciones de Paris en mayo de ese año fueron quizá las más famosas, pero ocurrieron en muchas otras ciudades del occidente libre (en España mucho menos por aquello de que aquí mandaba un general, pero también) cuando trabajadores y estudiantes protagonizaron violentas algaradas callejeras que pusieron en jaque al Sistema.

Unos pocos años más tarde, las calles españolas también hirvieron de manifestantes cuando el dictador Franco estaba ya en las últimas y se pedía con urgencia pasar página a la Historia y entrar en la «normalidad democrática» de la que ya disfrutaban hasta los portugueses.

Hubo «héroes» entonces y los movimientos reivindicativos tenían valiosos referentes del mundo del arte. Afuera de nuestro país sonaban los Beates, Rolling, CSN&Y, Pink Floyd, Dylan y un largo etc, y por el suelo patrio la juventud mayormente, aunque gran parte de la sociedad participó de alguna manera en la ocupación de calles y plazas, se alimentaba con los trovos y melodías de gentes como Serrat, Luis Pastor, Labordeta, Paco Ibáñez, Llach, Raimon y otro largo etc..

Nuestras peticiones se sustentaban sobre los «hombros de estos gigantes»; eran personajes que aunaban la protesta con la música y la poesía más inspirada, reivindicativa y creativa; sus canciones convertidas en himnos resonaban por todas partes y con ellos y con nuestro juvenil ímpetu, empujamos al viejo régimen a desistir en su vergonzosa prolongación en aquella agonía dramática.

Había un ideal por el que luchar, traer de vuelta la democracia al país, y con ella las libertades cívicas que tanto echábamos de menos y por tanto tiempo. La «revolución» se instauró en las calles, en las tertulias, en los medios, en los institutos, en los centros de trabajo, en las universidades, y hubo actos violentos, sí, porque el lazo de la inercia a «dejad hacer/dejad pasar» era muy fuerte todavía en algunos estamentos de la sociedad española de aquellos primeros años de la década de los 70 del siglo pasado. Y hubo represión, dura, sin contemplaciones, y muchos visitaron las cárceles por sus ideas y por expresarlas. Pero había más que ganar que perder y sabíamos además que detrás teníamos a los mejores, músicos, poetas, intelectuales,escritores, directores de cine, periodistas...políticos en el exilio desde el que nos aseguraban que aquella lucha tendría irremediablemente un final, un final esperanzador, y que ganaríamos.

Lo repito, caminábamos hacia la incierta gloria sobre HOMBROS DE GIGANTES.

Ahora si echamos una mirada al presente gris de estos días, tan horro de buenas espectativas y con la duda y la angustia instaladas en nuestro quehacer diario, con una parte muy importante de la sociedad productiva en sus horas más bajas asediada por la pandemia del Covid-19, la juventud o parte de ella también se ha echado a la calle; y sí, hay violencia, y algaradas que incendian la noche de algunas de nuestras ciudades más emblemáticas, Madrid, Barcelona, Valencia...

Hay indignación y hartazgo, desilusión, algo de desesperanza y mucho cabreo. Promesas incumplidas, engaños...Todos o casi todos nos sentimos huérfanos, porque vemos cómo nuestros líderes políticos y religiosos son incapaces de mejorar su pésima gestión de este crisis que parece vino para quedarse largo tiempo, demasiado.

Sin embargo, la realidad que envuelve ambos aconteceres, la de los movimientos estudiantiles y obreros del mayo de 1968 y esta que nos ocupa y preocupa, es muy distinta, porque hoy en día escasean los referentes en los que podamos mirarnos y vernos como héroes de un porvenir que pedimos mejor, más justo.

Y es que, entre otras cosas, ya no hay líderes intelectuales que nos guíen con su sabiduría, ni «cantantes protesta» cuyos himnos iluminen las mentes y los corazones de los que salen a las calles a prenderle fuego a los contenedores y a pelearse con una papelera, mientras arrancan adoquines del pavimento para arrojárselos a los guardias, guardias que ya no «visten de gris» y que son producto de una sociedad democrática ampliamente respaldada por todo el mundo occidental.

Ahora, los referentes causa de este trajín son personas cuya poesía y música es la brutalidad hecha palabra, es el silabeo soez, la estética hecha lodo maloliente con el que enmierdar esta «noche oscura del alma» por la que transitamos.

Tampoco tenemos referentes en nuestros líderes políticos y religiosos...Muchos de estos últimos han demostrado fehacientemente su absoluta falta de fe, de esperanza y hasta de caridad subvirtiendo con su egoísmo los principios en los que está o debería estar basada toda su arquitectura piadosa. En cuanto a los líderes políticos, más de lo mismo. Ya no hay exiliados a los que admirar, sino cobardes fugados de la justicia; tampoco vemos honradez ni espíritu de servicio en otros que viendo el río revuelto, han sacado la caña a ver si pescan, y si pescan, que sea para su mesa y mantel de poder y para sus estómagos agradecidos.

Desde siempre, todo guerrero (no confundir con soldado, no es igual) ha necesitado para sus gestas un cantor que le ponga arte a su épica, un líder que lo conduzca y un fin digno en su batallar...y armas «sagradas» con las que salir a la batalla, la belleza, la inteligencia, el valor, y un dios al que entregar los frutos de la victoria... o el alma noblemente rendida ante la derrota.

Es así como se honraban los pueblos a sí mismos y a sus gestas. Ahora tenemos como trovadores a unos tipos escasos de neuronas que confunden la música con el berrear de los becerros, como líderes a traidores, cobardes, pillos y ladrones, todo esto enmarcado en un horizonte de libertad regalado en el que no hay deberes ni obligaciones; es un patio de monipodio en el que las ideas de amejoramiento del mundo huelgan y lo único que importa, al parecer, es tirarlo todo abajo para que del caos surja el Hombre nuevo....con el mismo ADN de su predecesor, con sus mimos errores, vicios, muros, exclusiones, un mundo egóico del que no obtendremos sino más de lo mismo.

John Lennon ya lo dijo en aquel legendario año de 1968: la única y verdadera revolución no es la cambiar el mundo, sino la que conlleve el cambio de ti mismo; lo demás, se nos dará por añadidura.

 


 

jueves, 11 de febrero de 2021

En el bosque

 


¿Podrá algún dios traer de vuelta aquella noche,
en la que como dos ladrones de la luz y de las horas
nos amamos sin verbo ni medida sobre la hierba,
bajo las tibias hojas verdes de aquel silencioso bosque?

 

domingo, 31 de enero de 2021

THE PAINTER (el pintor)

 

En actitud meditativa estás

cuando tú ya no estás.

Porque solo queda la mano,

el pulso atento,

el disfrute.

Ni el tiempo se molesta en pasar,

porque si atentos estamos,

el tiempo, al no estar tú,

él tampoco está.

 

viernes, 15 de enero de 2021

Ültimos paseos con Karen

 


La noche ya le pisaba las horas a la tarde. Paseábamos de vuelta a casa por el ancho y espacioso paseo del lago, con el ultimo sol rielando entre el espeso follaje del cercano bosquecillo del parque justo a nuestra izquierda.
Alguna ráfaga de viento desprendía hojas de los altos plátanos y abedules, lo que nos recordaba que a pesar del buen ambiente, el verano hacía días ya que había dado paso al otoño.
Era muy agradable recorrer aquel largo sendero del parque de regreso al hogar, con el rumor del agua a un lado y el bulle bulle lleno de vida de los pájaros al otro, después de otra jornada agotadora pero feliz en resultados; mientras caminábamos por el amplio y solitario bulevard, la paz lo llenaba todo.
Karen se agarró a mi brazo y sin decir palabra alguna, compartió conmigo aquel silencio natural en donde lo humano, a menos que callara con la boca y el pensamiento, parecía estar de más; era una invitación muy especial de aquella hora mágica en aquel sitio no menos mágico, por lo que andando sin prisas y con el corazón latiendo quedamente, únicamente nos quedaba ejercer la sumisa contemplación, ver los colores apagados de la vieja tarde, los relieves quedos de las cosas, escuchar el ir y venir de las olitas rompiendo en la playa y el discurso pequeño y brillante de las aves; disfrutar, en suma, de la sinfonía verde ocre de las hojas del cercano bosque sintiendo y aspirando la pureza del aire, su natural fragancia, caminando de vuelta al hogar, en paz.
Pensé en todo aquel regalo que la vida nos estaba ofreciendo en ese instante y me detuve. Quise atrapar de alguna manera el presente en el que estábamos, hacerlo eterno, quedarme así, allí, con Karen a mi lado, con el tiempo detenido en nuestros sentidos.
Había unas escaleritas de piedra que bajaban al lago y en uno de sus peldaños nos sentamos. Le di un buen trago a mi botellín de agua y saqué el tabaco. Abrí la cajetilla, ofrecí a Karen un cigarrillo, yo cogí otro, les prendí fuego a ambos y aspiramos profundas caladas echando humos por nariz y boca como corresponde; locura, diréis, y no os lo negaré, pero en las celebraciones humanas la irracionalidad no siempre está ausente.
No era momento del examen conductual, mucho menos moral, sino de añadirle placer al placer de ocupar aquel lugar en el espacio y en el tiempo, y los hay como nosotros que en el fumar lo encontramos, y con ello celebramos eventos como aquella hora infinita, verdadera joya para el recuerdo...
Me pregunto desde hace algún tiempo qué son y de qué materia están hechos los recuerdos, cuál es su utilidad y si la memoria los guarda con fidelidad, o si más bien se van ajando y desdibujando en la galería entrópica del tiempo, componiéndose entonces imágenes y sonidos hechos de retazos de lo que realmente sucedió y que ya tienen muy poco que ver quizás con lo que de veras ocurrió.
Quizá pasado un tiempo, todo se diluye, excepto tal vez las pinceladas maestras de aquel cuadro que pintamos con el deseo o el temor, y que ya son pálidos reflejos de lo que alguna vez sucedió...
Recordar es práctico, útil, necesario para vivir. La memoria es como un mapa de lugares, personas y acontecimientos con las rutas ya trazadas por vividas, y que en muchos modos nos ayudan a vivir el presente, con la lección del pasado superada - o no, como suele pasarnos- y previniendo el futuro más o menos cercano. Datos, fechas que celebrar o maldecir, rostros a los que nombrar, números que nos identifican...Todo eso es cierto, sin embargo yo hablo del recuerdo del sentimiento; esos retazos de memoria que quedaron de aquellos minutos, horas, quizá días, en los que sentiste la sangre bullir por tus venas con especial velocidad al ritmo del gozo que experimentabas en ese instante, del estado de bienaventuranza en el que vivías sin pensar casi en qué ocurría a tu alrededor, tan obcecado estabas en sentir que el universo y tú girabais al unísono como un único cuerpo, compartiendo la misma alma, idéntico destino...¿Qué propósito tiene todo ese lote de pasados momentos de plenitud si no es el olvido, o peor aún, la nostalgia que se acrecienta con los años mientras los revivimos?
El gozo de sentirte pleno, feliz, te hace avaro, te despierta el miedo a la pérdida de ese instante y por un momento ese trozo de tiempo del que disfrutas se te vuelve amargo ante dicha amenaza...
(Continuará)

domingo, 27 de diciembre de 2020

Caducidad de la Magia

 

 

Entre los miedos, las prevenciones, los telediarios, la deificación de la ciencia (siempre subiendo dioses a los altares, ¡qué manía!..), los recelos, las ansias y ansiedades, las depresiones, las nostalgias, las ausencias, la rabia, la angustia, la tristeza, los encierros, los aplausos desde el balcón, el ulular de las sirenas, los rumores, la crispación social traída por la mucha incompetencia de tantos políticos de todo signo y condición, la distancia, el confinamiento...entre todas esas maldades que la plaga nos ha traído este año, al llegar estas fechas he notado además como otro retroceso del espíritu navideño que ya se empezó a sentir el año pasado y el anterior, y tal vez nos tendríamos que ir más y más atrás.

Se escuchan pocos villancicos, y esos pocos con escaso fuelle, sonando muy abonico, como para no molestar, como con desgana, los «belenes» pasean a hurtadillas sus imaginarias postales de un tiempo remoto (y de un mensaje aún por descubrir) por las crónicas de los medios televisivos... Los adornos luminosos que cuelgan con su luz fría sobre nuestras calles semidesiertas, igual podrían servir para una boda, que para un bautizo o para anunciar la Feria anual, pongo por caso.

El mito de la Noche Mágica se nos va diciembre tras diciembre entre aleluyas casi inaudibles y parece que sin remedio, mientras que de manera subrepticia, como andando de puntillas por el pasillo de los días pero firme en su decisión, un Nuevo Mundo (?) parece querer entrar apartando al ya viejo y caduco de los que ya peinamos canas, liquidando a su paso tradiciones que, dicha sea la verdad, ya pocos practican y menos entienden y que por lo que se ve, quedan más «cool» en los escaparates; aquel universo, matriz y paraíso de la felicidad de nuestra infancia que nos llenó de imágenes ilusionantes y que conocimos de zagales y luego de jóvenes y adultos, en su marcha al pasado desde este nuestro «prometedor» presente enmarcado en la Nueva Normalidad, es ya más espalda que rostro y presencia.

Será mejor o será peor ese melón sin abrir del futuro que nos espera agazapado tras las puertas de este desgraciado 2020, eso ni lo sé yo ni a ciencia cierta lo sabe nadie; pero sí tengo la certeza de que en este «Nuevo Orden» que tal vez nos estén imponiendo NO SE SABE QUIÉN O QUIÉNES, la Imaginación no tendrá un lugar preponderante tal como lo fue antaño, cuando los sueños estaban hechos de sueños y leyendas y no había necesidad alguna de enchufarlos a la corriente eléctrica.