miércoles, 26 de octubre de 2022

Y no hubo nada

                                                                      

 Cariño, no escribo estos versos sueltos

para que leyéndolos arrobada me admires,

tampoco los plasmo aquí

para que te enamoren ni de mí te enamores;

no busco la luz de tus ojos que apartaste

de mi senda, ni tampoco, tenlo por cierto,

el pago de un beso cuando de leer esto acabes,

ni siquiera busco que en tu silencio los declames,

ni que te los pongas en el pecho como broche

de mi promesa que jamás hubo,

porque a mis sentimientos opusiste razones

y aquí dentro no hay discurso ni lógica,

sólo y llanamente emociones.

Escribo, cariño, estos renglones rotos cuando me apaña

porque en el fondo, cariño mío, no sé hacer otra cosa

A veces, últimamente, pienso que todo fue un invento fatuo

nacido de una mente por siempre de ti enamorada.

Quedarán cenizas de amor, versos sin besos,

caricias sin respuesta, poemas que ya no entiendo, nada...

 


 

domingo, 31 de julio de 2022

El Juego infinito

 

Sentirte acompañado/a de ti mismo/a cuando estás solo/a es el comienzo de la verdadera amistad, y de ese idilio que todos/as andamos buscando desde que nos mintieron cuando se nos fue dicho que éramos parte separada, incompleta e inconclusa del Todo que nos envuelve y que nos da testimonio constante de lo que somos, Dios, tú, yo, buscándose a sí mismo/a a través del infinito escenario de la Existencia.

jueves, 21 de julio de 2022

Verano

 

 
El mismísimo infierno
parece envolver en sus páginas
de luto amarillo
a estos días de azul y fuego,
de aire abrasado cual soplo de Satán.
La vida arde sobre el asfalto
y tienen los campos encenizados
el respirar ahogado,
mientras el polvo humeante
esconde caminos a su pasar
confundido,
llameante.
Se escucha un lejano parlamento de canes
bajo el triste recinto de un solitario pino;
apenas su sombra es frontera
frente a la claridad infinita
mientras la historia de las gentes dormita
en los versos blancos de la siesta.
La noche cae enredada en su velo añil,
y entre la luna y su lucero
el viento quema sus últimas hogueras.
Fatigoso e inútil ejercicio es el dormir,
en donde al soñar se suda,
se aprende y se repasa la cama
luchando con el aire desvelado.
Por fin, la mañana
escandalosa de luz nos llama
desde su arboleda en calma,
seco océano, resaca ciega.
Es el despertar.


domingo, 10 de abril de 2022

Last supper

Y en la última cena del ultimo día

en la que estaré con vosotros,

os declararé mi amor a todos

viéndoos así, vestidos

con vuestros mejores pecados,

esperando vuestras más abyectas traiciones.

Por todo eso me entrego y muero,

vino y pan encarnado,

para que soñéis ahora con el dulce eco

de lo que mi fiel amor

-más allá de ti, más allá de mí-

os tiene en rica mesa preparado.

 

 

 

viernes, 1 de abril de 2022

Adios

 


Me fui de ti y tú de mí,
y el aire respiró azules
sobre la mies futura de la vida,
y los campos se abrieron
desnudos sin pena ni llanto,
y un millar de cantos
alborozaron las horas
en la calma silente, sintiendo
el beso de su color nuevo
y sus millones de abrazos

domingo, 27 de marzo de 2022

(Poemario de los Mundos Perdidos)


 

                                                     Yo del agua soy su sed,
                                                     del aire su aliento,
                                                     de la tierra sus pies,
                                                     tea ardiente de su fuego.
                                                     De todo soy conciencia viva,
                                                     substancia, alimento.

miércoles, 23 de marzo de 2022

Cuando un hada se enamora de un mortal

 

Las relaciones de pareja con seres mitológicos suelen acarrear grandes desgracias, sobre todo para el mortal, incapaz de adaptarse a los tiempos de la eternidad, así como al temperamento y el carácter de las hembras sobrenaturales.

Los mitos nórdicos nos hablan de una extraña pero fascinante especie de hadas conocidas como Skogsfru, muy temidas en las tradiciones populares pero añoradas durante el romanticismo, quien vio en ellas un símbolo de las urgencias del amor y del deseo que consume a sus devotos.

Las Skogsfru tienen la apariencia de una hermosa mujer con largo cabello castaño recogido en una trenza. Este es el único atributo que comparten. Pueden, de hecho, cambiar su aspecto a voluntad, e incluso asumir formas tan fantásticas como aterradoras; salvo modificar la forma del cabello, que siempre se mantiene inalterable.

Las Skogsfru solían rondar especialmente por las zonas rurales. Algunas prefieren acechar a sus víctimas desde la familiaridad de sus bosques, protegidas por los árboles. Otras, en cambio, se aventuran en las aldeas y acechan a los hombres jóvenes mientras los mayores se encuentran trabajando el campo.

Normalmente las Skogsfru utilizan su belleza natural, o mejor dicho, exquisitamente antinatural, para subordinar a sus presas masculinas; y casi siempre lo consiguen sin mayores esfuerzos. No obstante, en ocasiones las cosas se complican horriblemente.

Al parecer, las Skogsfru encuentran irresistible la energía vital de ciertos hombres, y se alimentan de ella. A cambio, ellas ofrecen un encuentro amoroso incomparable, pero al mismo tiempo tan perturbador que el mortal, una vez vaciado de fuerzas y fluidos, es presa de una melancolía tan honda que normalmente lo conduce a la locura y al suicidio.

En algunos casos, por cierto, extraordinarios, las Skogsfru llegan a enamorarse sinceramente del hombre mortal; y no permiten que pierdan la cordura aún en los momentos más críticos de sus caricias blasfemas.

Estas relaciones entre un hada y un hombre mortal suelen culminar en un desencanto absoluto. Sin embargo, contrariamente a lo que ocurre en muchas historias de amor entre hadas y mortales de la Edad Media, las Skogsfru nunca secuestran al hombre para llevarlo a su reino encantado; en parte porque tal reino no existe, al menos para ellas, y en parte porque desean asumir los hábitos de la vida secular.

El problema radica en que las Skogsfru son hadas salvajes: viven a la intemperie, alimentándose de musgo e insectos, durmiendo en cuevas o viejos árboles roídos por el tiempo, y casi siempre se sienten incómodas en el calor del hogar humano.

No importa cuánto amen a sus varones mortales, tarde o temprano las Skogsfru siempre regresan a la humedad de los bosques. El hombre abandonado nunca se recuperará de la pérdida.

Se dice que quien ha besado a una hada ya no deseará otros labios, ni tendrá pensamiento alguno que no incluya aquello que ha extraviado. Poco a poco irá perdiendo el apetito; su porte se volverá decrépito, raquítico, su piel se secará sobre los huesos hasta que el corazón, ya exhausto, invite al espíritu a desalojar el cuerpo.

Algunos explican este final trágico como una consecuencia lógica de aventurarse en los brazos de un hada; aunque rara vez se aclara si este estado deplorable es un tributo justo para un amor semejante.

En cierta forma, perder un gran amor es como asistir al funeral de uno mismo. Una parte nuestra se ha ido, pero su ausencia a menudo reclama un largo tributo de nostalgia, de dolor, de íntima sabiduría. Si regresa será una fantasmagoría, una aparición fatua que nos recuerda vagamente al original; y nosotros, apenas un otro que insiste en repetir la teatralidad de los espejos.