Existe un profundo gozo
cuyas raíces crecen en el alma
cuando nos sumergimos en el atardecer
y aceptamos con gratitud el día ya ido,
abriéndonos esperanzados
cuando nos sumergimos en el atardecer
y aceptamos con gratitud el día ya ido,
abriéndonos esperanzados
al sueño venidero,
siendo magnánimos en el duelo
siendo magnánimos en el duelo
de lo no cumplido,
de lo esperado y que no vino,
de lo esperado y que no vino,
y sentir la locura
del «quizás mañana» sea,
del «quizás mañana» sea,
tal vez mañana, amigo...

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