miércoles, 9 de mayo de 2012

Send me an angel (right now)


Hay días como hoy en que la vida es como un damero endiablado 
en donde tú y yo jugamos al jaque mate. 
Tú juegas con blancas y negras; yo no juego. 
Sólo me paseo por los escaques contemplándote,
mientras le araño algún poema al humo del cigarrillo 
y al latir del hielo en la soledumbre melosa de mi whisky.

(Oh, Lord, send us  the biggest one, right now)





martes, 8 de mayo de 2012

El Soñador

 
El soñador salió de casa después de apurar el sagrado rito del té de aquella hora y se internó en el jardín, tal como venía haciendo todas las tardes cuando la luz del crepúsculo anidaba ya sobre las copas de los árboles. Sabía que su tiempo era breve, que cuando Elisa y los niños estuvieran de vuelta a casa su mágico momento habría acabado, por lo que se dio cierta prisa.
Buscó la hamaca, la puso en el ángulo de dicha que las sombras dibujaban bajo la higuera y entornando los ojos se sentó y esperó....Pronto divisó a lo lejos una figura humana que se acercaba por el prado; al momento supo muy bien de quién se trataba. La holgada falda al viento del véspero hacía de bandera escribiendo en el aire fresco de la hora un aroma de felicidad dedicada sólo a él, el amante que nunca había faltado a la cita día tras día durante los últimos 45 años. De aquel maravilloso cuerpo había nacido Elisa, su única hija, el refugio para su vejez. 
Por un segundo adivinó la presencia de un niño de muy corta edad en los brazos de la mujer, pero enseguida la imagen se desvaneció; a veces ocurría y sentía como si su corazón se encogiese de pronto y fuera a dejar de latir...Hubo un ser que no vino a este mundo sino para llevársela a ella y ambos partieron desde la clínica en la que debería haberse alumbrado una nueva alegría en la familia; sin embargo, un dios de corazón ciego y de oídos sordos al padecer humano, quiso que cuna y sepultura nacieran en la misma jornada. Pero aquello ya pasó, ya pasó, se dijo mientras la mujer se le aproximaba hasta llegar donde él.
Como cada tarde, la dama se arrodilló delante del soñador y éste alargó sus manos y las depositó con dulzura sobre sus cabellos, y así estuvo mesándoselos durante un buen rato; los ojos de ambos concentraban todo el presente en ellos mismos y en esa mirada yacía el amor que no pudieron agotar en vida. Juntaron los labios los dos amantes y el beso duró lo que el sol tardó en bajar por el cielo anaranjado hasta que sus bordes quemaron el horizonte.
Luego oyó como si alguien lo llamara desde muy lejos; serían Elisa y sus nietos, Adrián y Celeste. Sabía que la estancia en aquel lugar tan querido de su cerebro había llegado a su fin e hizo un esfuerzo para levantarse de la hamaca; sus 78 años hacían de su cuerpo un pesado lastre para sus ya menguadas fuerzas, por lo que posiblemente necesitaría la ayuda de su hija para incorporarse del todo; como cada tarde. Pero hoy no pudo hacerlo, los brazos fuertes de Elisa tampoco.
Fue un instante de lucidez o de locura, pero mientras Elisa trataba de incorporarlo, bajó la vista y vio que aquella presencia tanto tiempo añorada y deseada aún estaba allí, de rodillas frente a él, agarrándole las manos al anciano que con suave temblor le acariciaba ahora la cara y el cabello, tratando de impedirle de alguna forma que se marchara, como cada tarde.
Y tal vez como muchas veces había temido, en aquella hora decidió que no, que no iba a levantarse, que seguiría amasando los cabellos a la mujer que ahora refugiaba su rostro en su regazo con la sonrisa de la felicidad perdida aquella mañana aciaga en la clínica, cuando él le prometió en suave susurro al oído: No temas, Carla, jamás te abandonaré, jamás.....
(La imagen que acompaña al texto es de Tomek Setowski)

lunes, 7 de mayo de 2012

La media naranja


Dicen los que saben, que la determinación sexual de los seres humanos ocurre en el útero materno a las cuatro semanas de gestación. Hasta ese momento, todo es caos; no hay luz, ni tierra, ni mares, ni noche ni día; la creación sin empezar, y Dios todavía en la cama perfilando el acabado de su divino sueño. Pero es entonces a partir de esa cuarta semana cuando "los unos" nos constituimos en XY, cromosomáticamente hablando, y "las otras" se visten de XX para la escena inaugural del Drama Universal.
De todo ello se puede deducir a mis cortas entendederas sobre el asunto, que durante cuatro semanas estamos en la inopia, sexualmente hablando; somos "machohembras" con potencialidades todavía sin descubrir, aunque no me han dicho nada los escritos de San Google sobre " el tercer sexo" y por tanto no entraré en ello por ahora.
Desde siempre, poéticamente hablando, se ha dicho que el hombre se pone a buscar a su "media naranja" nada más asomarle los primeros pelos por el sobaquillo y entre las ingles, más un coro de gránulos por el rostro que predicen su primer afeitado. Sin embargo, pienso yo, la feliz conclusión a esta búsqueda se me antoja harto difícil, porque en la mayoría de los casos y dándole al tiempo su reposo y espacio, los peludos sapiens (de las hembras prefiero no hablar por falta de experiencia propia) llegamos todo lo más a una buena aproximación de aquello que teníamos in mente de forma inconsciente cuando comenzamos la cacería sexual, biológicamente hablando, claro.

Tarde o temprano, los varones nos acomodamos -unos mejor que otros- a una de las múltiples imágenes del avatar de "la diosa" que se nos puso como meta en el génesis de nuestra historia sexual. Ellas, sexo puro y sin mezclas -dicen los que entienden; uno se ajusta al guión de su ignorancia- hacen como que admiten la unión y ambos juramos ante altares sociales o/y religiosos fidelidad y respeto a nuestra decisión. Empieza la vida en pareja, bendecida o no por sacerdotes -religiosos o civiles- y muchos hasta nos atrevemos a formar una familia y proteger a la prole que de ella salga; cosa cada día más cara, por cierto, más costosa en esfuerzos y menos considerada y  protegida por el resto de la tribu....Ya veremos en qué y cómo termina esa historia...

De todo lo expuesto hasta aquí, se diría que el varón da por concluida su búsqueda y la mujer como que también, nada más acabar de ser bendecidos por el maestro de ceremonias. No obstante y basándome en mis propias vivencias, la cosa no queda finiquitada a pesar de todo el trajín de los primeros años en los que la pareja se vuelca en asuntos tan domésticos como hacer hogar, multiplicarse y dar de comer a un número indeterminado de bocas que parecen nunca pierden el hambre y las ganas de quejarse y pedir más y más; es el periodo fértil, biológicamente hablando...
 Porque llega un buen día en que el varón -la mujer como que también, pero no tengo pruebas- ve por la calle, en el trabajo, en una película, otros rostros de la diosa, otros avatares en los que encuentra con gusto o disgusto pero sin posibilidad de equivocarse (el corazón nunca engaña) otros rasgos, esa mirada, o esa sonrisa, ese decir cálido, esa forma de andar, de mover el esqueleto, que sin ser parte de recuerdo alguno sin embargo le retrotraen a un pasado ignoto que yace en lo más oscuro del arcón de su memoria genética.

Es este el momento en el que la infidelidad crece como la cizaña sin haberla sembrado a nivel consciente; uno se siente inclinado a romper uniones sagradas y juradas ante notarios de la cosa, y en público o en privado nos lanzamos de nuevo a la aventura de conquistar el verdadero rostro que la esfinge esconde detrás de la melancolía, de esa extraña añoranza sin objeto que a unos les conduce a escribir versos híper románticos y a otros a un nuevo matrimonio o como demonios se llame ahora.
Por cierto, ambos procedimientos usados a la vez -el verso y la coyunda- como sucedáneos de felicidad casan mal, aunque compensan y equilibran los sentidos y hasta el alma.

Para mí, escritor de versos entre otras cosas en mi ahora dilatadísimo tiempo libre, ambas actividades no son jamás concluyentes ni soluciones definitivas al drama. El que vuelve a las andadas y se compromete con otra mujer, en la mayoría de los casos no tardará en incurrir en el mismo error; otro buen día -jamás es malo si nos levanta del sillón de la pereza mental- paseando su nostalgia o su picazón emocional por cualquier lugar descubrirá otra forma de mirar, de hablar, de sonreír que se le había pasado por alto cuando inició su segunda aventura sexual, o tercera, o vaya usted a saber cuál de ellas -los hay lanzados, oiga- y una de dos, o recomienza la búsqueda de otro nuevo avatar o vuelve a los versos; socialmente hablando, dos ruinas, aunque a la hacienda pública le interese más la primera que la segunda, claro.

¿Dónde está por lo tanto el verdadero rostro de la mujer que buscamos? ¿Existe acaso? ¿Es sólo cuestión de buena o mala suerte el hecho de dar con él? Retomo el comienzo de este escrito y hallo alguna respuesta allí.
Durante cuatro semanas, Adán y Eva, todos nosotros, estábamos completos; éramos la naranja perfecta, oronda y redonda, sin mitades. Un sólo corazón, un mismo y unísono latir haciendo surf en el océano de la felicidad maternal; en definitiva, habitantes del único paraíso reconocible como luego la vida nos demostrará fehacientemente...
Hasta que un buen día -esta vez la falacia se esconde sin duda en el lenguaje correcto- un gen que se paseaba por dicho paraíso tentó al cromosoma X (femenino) y le dijo: ¿De veras que no te apetecería una buena manzanita tipo X? Serás como Dios y te sentirás completa, pura, sin mezcla alguna ni impureza....Y dicen que nuestra Eva, alargó el brazo del deseo y cayó en la sutil trampa dejándonos a los varones a mitad de la nada y divididos en un sí es no es, que a veces parece cosa de chanza y broma de mal gusto.
De esta manera, lo que era "carne de mi carne y sangre de mi sangre", bíblicamente hablando, quedó partido en dos mitades y ahí empezó la amarga desventura de nuestra separación, cargando además con la maldición de que jamás ambos sexos volveríamos a estar tan unidos como lo estábamos justo antes de que un buen día (otro más...), al final de la cuarta semana de estancia en el Edén, apareciera el gen maldito y nos expulsara del gozo y de la alegría de mirarla a ella, o sea, de mirarnos a nosotros mismos y reconocernos como un uno indivisible feliz y eterno en su gozo de ser naranja entera, filosóficamente hablando, claro...

sábado, 14 de abril de 2012

Vampiro (sonata en rojo)



Tu vida se me escurre en el  latir salado de tus venas, mortal profecía.
Vienes y vuelves, una y otra vez, y yo sigo escuchando
el lamento de la brisa cortando en dos el verde del prado.
Pero ahora la sangre se derrama por entre mis recuerdos
y ya no veo más que cielos ennegrecidos lloviendo noches...
Anoche me alimenté de la ceniza estéril de mi existencia.
¡Oh, amada, no te detengas, regresa! amasa en mi pecho
el pan helado de tus besos y después vente al lecho que me acoge,
que quiero que en ti nazcan mil flores negras envueltas en terciopelo.

jueves, 12 de abril de 2012

Cosas veredes




Recuerdo que en algunas de las predicciones que leía yo de joven en los años 70 y principios de los 80 del pasado siglo (no me llames viejo, joven; tampoco hace tanto, ¿eh?), figuraba la imprescindible "educación para el ocio" en vista del imparable avance de las máquinas en general y de la robótica en particular.

Las perspectivas entonces eran que puesto que los robots podían llevar a cabo la mayoría de los trabajos con igual o mejor eficiencia que nosotros, por qué no les dejábamos a ellos las tareas productivas mientras los humanos nos ocupábamos única y exclusivamente del placer de vivir. La inversión en un robot puede que sea demasiado onerosa en un plazo breve, pero a la larga su rentabilidad es enorme; no comen ni beben, no duermen, trabajan todas las horas que les echen los programadores con un mínimo de mantenimiento que siempre sería más barato que mantener a un humano en el tajo; estarían ocupados 24 horas al día, 7 días a la semana, 365 días al año.

Por otra parte, nada de ahorrar para la vejez y para el pago de pensiones; cuando caducaran sus circuitos, se les cambiarían por otros nuevos y otra serían perfectamente aptos para formar parte de la Cadena Mundial de Montaje de la Factoría.

Sin huelgas ni sindicatos, sin jubilación ni gastos de tanatorio y entierro; vamos, los obreros ideales para cualquier empresario; sólo un poco de aceite por aquí, unas pilas nuevas por allá y listos otra vez para la producción.

Naturalmente que para ello se necesitaría una educación radicalmente distinta a la actual para la masa de estudiantes que poblarían nuestros centros escolares y universitarios. Sería muy importante el saber emplear tanto tiempo libre, por lo que los programas educativos sufrirían cambios rotundos; ya no se trataría de educar a los niños y niñas en producir más y más de forma altamente competitiva, sino en saber qué hacer desde que te levantas por la mañana hasta que te acuestas a cualquier hora sin dañarte a ti mismo, a los demás ni al medio ambiente.

Luego venía la parte más interesante; los beneficios de las empresas se repartirían equitativamente entre todos (lo hacían por edad, por necesidades o pura y simplemente por orden de petición entre otras escalas), el consumo y la alegría serían crecientes y por lo tanto los réditos empresariales irían en un aumento constante. Un mundo feliz, con sus habitantes "ocupados" en el disfrute y en el consumo las 24 horas del día, 7 días a la semana, 365 días al año...

Los robots hacen el trabajo y tú y yo y todos cobramos el sueldo, y el mundo sería un estallido de pura alegría. ¿Te lo imaginas? Siete mil millones, diez mil, veinte mil millones de seres apuntándose como locos a circos, carnavales, festivales, competiciones deportivas, siestas, comidas, marchas y excursiones; el regocijo se escucharía en los confines de la galaxia. La verdadera revolución que no supieron ver tantos y tantos revolucionarios de siglos anteriores.

Tal que ahora.
Los nuevos robots requeridos por la clase dirigente de nuestro planeta parece ser que no serán de acero y aluminio o silicio, sino de carne y hueso, sangre y vísceras. Quizá, y dándole toda la vuelta a la parábola futurista, los nuevos "disfrutadores", los Nuevos Amos, sí puede que su naturaleza sea ya de acero y aluminio; al menos sus corazones sí dan prueba de ello. Son duros, rocosos, insensibles, implacables y desprovistos de toda piedad; fríos como el hielo que baila inmerso en el brillo sedoso con sabor a malta de sus güisquis carísimos.

Hombres y mujeres con sentimientos duros como el cemento; tetas hinchables a voluntad, ellas, próstatas de diamante, ellos...


Son auténticos robots humanos dominando a la máquina sin dios, ni futuro ni cielo, turba maloliente educada en la estúpida contemplativa de los múltiples programas de todas las televisiones del mundo, que come y bebe demasiado, que no enferma gratis porque no se muere, que molesta a sus Amos en sus hoteles, hospitales, escuelas de alto "standing", balnearios, palacetes, retiros veraniegos, playas, santuarios, calles y aceras de las ciudades perturbando su descanso y su relajo...

Y es que molestan tanto, tanto incomodan a los Nuevos Amos, después de permanecer ellos tantas horas detrás de las pantallas de sus amigos los ordenadores, sus aliados naturales, los que les están ayudando a diseñar a la Nueva Humanidad...Esas máquinas amigas por otro lado que tanto saben de nosotros, de nuestras ansias más íntimas, de nuestros vicios y querencias, que no huelen, ni comen, ni beben, ni eructan, que no molestan a sus Diseñadores en sus ratos de placer y descanso, porque basta con desenchufarlas para que se callen, para que se mueran sin pena ni llanto; además, son tan reciclables...

NOTA.- Recomiendo muy severamente que se revisionen los films "Metropolis" de Fritz Lang y "Tiempos modernos" de C. Chaplin, y que se relean los libros  "Un mundo feliz" y "1984", de Huxley y Orwell respectivamente 


miércoles, 11 de abril de 2012

Imagination



Seguro que lo dijo para calmar mi habitual angustia, con toda la buena intención de que era capaz, lo sé...
-Bah, no te preocupes; seguro que no es lo que parece. Es sólo un producto de tu imaginación.
Yo pensé: "¡Valiente idiota! ¿Acaso hay algo de lo que nos sucede que no sea producto de la imaginación?"

lunes, 9 de abril de 2012

La solución




-¡Pero eso no me trae solución alguna a mis problemas!- me dijo irritado.
-¿Solución? ¿Qué quieres decir exactamente con esa palabra, Peter?
-Quiero...Oye, Jack, me gustaría que "mi vida" simplemente discurriese por los senderos que desde siempre he proyectado que lo hiciera. Eso es todo. ¿Acaso es mucho pedir? -me contestó absolutamente cargado de razón.

Me quedé en silencio mientras encendía el enésimo cigarrillo del día con toda parsimonia. Cumplida la liturgia de inspirar y expeler humos, escancié un poco de whisky "single malt" en mi vaso vacío y me volví a él de nuevo.
-Dices "tu vida".... ¡Vaya! Tú y tu vida....Al parecer hablas de dos acontecimientos conectados pero separados de hecho, ¿no? Jack. Como lingüista que eres, sabrás que cuando usamos los posesivos establecemos una separación, ¿no es así? Por un lado estás tú y por el otro lo poseído, en este caso "tu vida". Pero si tú no eres "tu vida", ¿dónde estás tú entonces? ¿Quién eres?... Y sobre todo ¿Qué puñetas eres? -Le espeté sin dejar de mirarlo directamente a los ojos.

Aprovechando que permaneció callado por unos instantes, me acerqué a la ventana y le pedí que viniera hasta allí.
-Ven. Mira, sólo mira afuera. No digas nada, calla; no te pido que hagas otra cosa.
-Uhm....Impresionante, de veras….- me comunicó después de unos segundos de estar contemplando aquel sublime atardecer. El sol último jugaba al escondite con los pinos del bosque, derramando sus rayos de oro por entre la primera niebla nocturna. La calma del momento relajaba la visión de ambos, hasta parecer que el tiempo se había detenido.


-Eso es todo, Peter. Ahora Tú  y Tu vida podéis seguir discutiendo qué es qué y quién es quién; pero ya te adelanto, que en ese tipo de conflictos no hay solución posible que os contente a los dos al mismo tiempo ni con la misma medida- le dije dejándolo allí un tiempo junto a la ventana. Peter parecía extasiado, hipnotizado por el trozo de realidad que se mostraba a sus ojos. Cuando lo creí oportuno, añadí:
- La solución que pides, cualquier solución a cualquier problema que la vida te plantee, requiere como condición inexcusable que uno de los dos "contendientes" deba desaparecer.


Cuando se volvió a mí, me miró de hito en hito, un tanto aturdido quizá,  pero siguió en silencio unos segundos más con los ojos puestos de nuevo sobre la extraordinaria vista que se colaba por la ventana. Luego abrió la puerta de la habitación y sin decir palabra alguna abandonó la estancia.
No volvimos a vernos jamás, aunque confieso que realmente nunca estuvimos muy lejos el uno del otro...