miércoles, 7 de enero de 2009

Hope


Esta noche a solas con mi carne
imaginándome latiendo en tu abrazo,
Dios es voz en el viento,
y en el silencio atesorado de su aliento
yacen ahítas de deseos
todas mis noches de esperanza y de frío.
Y Dios habla en ti,
mi página soñada,
aquella que cada vez que abro
viene la lluvia de la memoria
con la apariencia apresurada de sus horas,
con sus pájaros de olvido,
y recién acabada se la llevan.
Quiera ese Dios
que me hizo crepúsculo en la mañana,
que siempre mi mano esté presta
a reescribir una vez más tu historia,
para cuando de nuevo vuelvas.

viernes, 2 de enero de 2009

Nothing again


Odio la ociosidad
de una voluntad encadenada
a la angustia, absorta
en su inmóvil estar
mientras, ay, la vida es río sin parada
ni fonda en donde podamos hospedar,
ni aún siquiera por un instante,
caminos idealizados,
sueños irrealizables,
recuerdos muy gastados en su uso
o imágenes de ocasiones y lugares,
que si fueron o no estuvieron
poco importan
en esta tarde de abúlicas ausencias,
en donde la vida y las musas
se fueron de fiesta
dejando en mis manos
palabras sin dueño,
visiones huecas,
y al novio solo y compuesto
frente al altar del tiempo.

jueves, 25 de diciembre de 2008

Cuando te abrazo


Con mis manos me agarré a la esperanza de tu piel,
y ya dentro de ti busqué los juguetes rotos de aquel niño
al que le regalaron la angustia como cielo
y la culpa en todas las sobremesas.
Pusimos orden en el ritmo asincopado de nuestras vidas
y le arrancamos al tiempo su reloj.
Y vimos la luz húmeda de la tarde deslizarse
hacia la oscuridad deliciosa
del que se sabe ausente y sin biografía,
verso no escrito latiendo a la vera abrasada de tu cielo,
espejo dormido en donde te ensueño.

jueves, 4 de diciembre de 2008

Ben Goossens, o el surrealismo fotogáfico


Ben Goossens es un artista belga que tras su paso por la escuela de Arte, donde una de sus asignaturas era la fotografía, trabaja durante 35 años como director de Arte en publicidad. Ahora hace surrealistas composiciones experimentales combinando fotos e ilustración (aerógrafo) y enviando sus imágenes a diferentes acontecimientos fotográficos donde tiene un notable éxito. Todas sus imágenes están tomadas con una Nikon D70 y manipuladas con Photoshop CS2 un Mac G5 2GHz DualCore.
Ben Goossens nos deja una excelente galería de imágenes llenas de imaginación que nos envuelven en escenas imposibles al mejor estilo de los clásicos pintores de este estilo.
Para tener un mayor conocimiento visual del arte de Goossens, PINCHA AQUÍ

jueves, 27 de noviembre de 2008

Ella


Sólo eres un perfil más
en el rostro de la esfinge.
Las páginas del tiempo
derraman su mensaje
sobre el viejo enunciado de tu imagen.
Y siempre has sido tú,
escondida bajo el señuelo de mil nombres.

sábado, 15 de noviembre de 2008

Paseo con Hécate


La luna despertaba cristalitos de limón
en los húmedos paseos de la alameda.
Abrazado a la noche,
tu recuerdo hacía caminos al viento
mientras arriba y abajo
corazones de agua y plata
ponían ecos de luz a la memoria.
El tañer ebrio de una guitarra
puso ritmos de vino y llanto,
y la luz se quebró en mis ojos...
Y la mar,
una vez más,
amaneció en silencio.

sábado, 8 de noviembre de 2008

La nube de piedra


Tarde del 16 de julio de 1980
Este “corto-maltés” es de encargo, porque parece que el Destino me quiere especializar en la literatura de desastres, y yo así le he dado forma a lo que aconteció una tarde de julio de 1980 en la muy noble villa de Cieza cuando, cual galos descendientes de Asterix, creímos que el cielo se derrumbaba sobre nuestra cabezas.


Fijate que yo entonces tenía 6 años, y recuerdo algunas escenas de la tormenta perfectamente...Así me contaba J.A. Abellán, alias “Pinsapo” para los foreros de Meteored y el mejor fotógrafo de meteo-cielos de la región, los ya lejanos acontecimientos que estremecieron a mi ciudad un 16 de julio de 1980.
Estábamos la familia en casa viendo asombrados como caían aquellos enormes granizos y la cantidad tan masiva en que lo hacían.
Al terminar todo, la terraza de mi piso tenía un montón de piedras de bastante espesor; no recuerdo exactamente pero era mucho. En cuanto a efectos pues ya viste, y tu eras mayor y los recordarás mucho mejor, que fueron cuantiosos.
Coches, persianas, etc…, y lo peor de todo a nivel económico, los graves destrozos que causó en la agricultura.
Muchas plantaciones de frutales tuvieron que ser arrancadas, debido al pésimo estado en que quedaron los árboles….


De esta guisa entre Pinsapo y un servidor avivamos los recuerdos de aquella tarde de hace 28 años, en la que creímos un poco más en todas las historias de terror del Final de los Tiempos que nos habían contado nuestros mayores. Supongo que cada ciezano/a que estuviera a pie de nube aquella jornada tendrá sus particular página de remembranza de lo que nos cayó encima casi sin mediar aviso, como no fuera que la noche se adelantó a su hora en mitad de la siesta.

Yo había venido de Mazarrón aquel día a cosas de médicos; necesitaba una receta de algo que me estaba tomando y además, tenía una cita con alguien que pasados los años me defraudó completamente...La vida a veces es así.
Recuerdo que después de comer me quedé traspuesto en el sofá y que desperté entre sudores y oscuridades inusuales; me bastó asomar mi curiosidad a la ventana para darme cuenta de que algo pasaba en los cielos, o que el tempo del día y de la noche se había alterado de alguna forma.
Bajé a casa de mi tía Soledad -Solita para los conocidos- en busca de compañía que mitigara el temor que en mí crecía por momentos. No encontré a nadie y cuando el estruendo comenzó tuve que vérmelas solo con el miedo.

De aquel cielo verdoso amarillento que ocultaba con su opacidad la luz de la tarde caía un tropel de piedras blancas del tamaño de un huevo de pavo -pavo de granja, por si hay dudas- que se estrellaban contra paredes, coches, tejados, puertas y persianas.
Me dirigí al interior de la planta baja y cuando fui a cerrar la puerta del patio para impedir que la pedrada celestial entrara en la cocina, vi que el sumidero estaba tapándose con las bolas de hielo.

Al poco la lluvia comenzó a caer sin que el pedrisco disminuyera y me temí lo peor. Allá que me fui con un paraguas a destapar el sumidero, cosa que no logré cuando vi cómo el negro habitáculo de tela que me cubría la cabeza saltaba hecho trizas ante el bombardeo que aún seguía cayendo con inusitada violencia. Salvé el cuero cabelludo de milagro…
Opté por la retirada y vi impotente cómo la casa empezaba a inundarse.

Me dirigí a la puerta de la casa, no sé si a pedir ayuda o a coger aire; estaba asustado. Pero el agua también estaba entrando por allí; la calle bajaba como un río entre el estruendo de los impactos de la piedra contra todo; recuerdo que la luna trasera del coche de Pascual “el Pando”, justo detrás del mío, estalló bajo los efectos del bombardeo. Mi Seat 127 aguantó el tipo, aunque la carrocería quedó como la piel de una naranja con las gomas de las ventanas señaladas por los mordiscos de la intensa granizada.

Por cierto, cuando a la mañana siguiente volví a Mazarrón y paré para echar gasolina en un surtidor de Alhama, las miradas de asombro que se dibujaron entre los operarios y clientes del lugar ante la vista de aquel aspecto tan poco usual que ofrecía el auto me obligaron a dar las consabidas explicaciones. No sé si aumenté el tamaño de la tragedia, que en estos casos suele suceder, pero dejé constancia de que algo extraordinario había sucedido en Cieza el día anterior y así quedó registrado en sus memorias de aquel verano de 1980.

Después de que aquella inmensa montaña de hielo se alejara por levante y el sol se atreviera a asomar la ceja por la Atalaya, la gente salió a las calles a contemplar el desaguisado con que la naturaleza nos había sorprendido cuando aún andábamos con la digestión y en la contemplativa de los posos del café. Las calles aparecían blancas y los paseos y avenidas llenos de hojas arrancadas por la furia del pedrisco…
En la huerta, a los que les tocó “la pedrea”, fue el miserere.