
A este tipo de mujeres no sabe uno exactamente donde depositarles la atención, si en la convexidad que se le asoma como la que no quiere la cosa -quiero, no quiero, que sí, que no...- o en esa mirada milenaria a través de la cual la vida exhala eternidad, invitando a que el macho la termine por desvelar -enorme riesgo éste, porque la verdad desvelada huele a fraude- o que la dejemos como está, tal cual, mientras a uno le arden los dedos ansiosos por componer los más bellos e incendiarios poemas.
A mí estas hembras me hacen sudar mucho las neuronas y no sé exactamente por qué; si por que no las tengo todas conmigo o porque qué sería de mí, pobre ser finito, si las tuviera todas conmigo y no cumpliera como debiera con semejantes diosas.
El castigo sería del mismo tamaño que su embrujo, eterno, para siempre.
(By courtesy of Shlevs, Prince of Darkness)



