
La derecha en su miedo arremete con insultos y descalificaciones, mientras la "izquierda" que detenta actualmente el Poder en nuestro país somete al respeto amedrentado y al silencio el veredicto sobre la "Spanish revolution" de los indignados, de los cabreados, de los avasallados por "los de siempre", y en suma de los que todavía no se resignan a ver el cadáver de su futuro pasar por delante de sus narices.
Todos los apesebrados o los que aspiran al pesebre de la política temen al movimiento llamado "15-M" por su semejanza en los orígenes con los sucesos que pocos meses atrás acontecieron en Túnez y Egipto; pero a diferencia de allá, por estos lares no se aspira a inaugurar un sistema democrático real y representativo, pero tampoco a parchear el Sistema desde dentro de sus instituciones, podridas y sometidas a la gran banca; aspiramos a reedificarlo de nuevo acosando con palabras y hechos y con la firmeza del que se sabe harto de razón, los pilares básicos de la Democracia carcomidos en estos lúgubres tiempos por la corrupción de ideas, procedimientos y medios.
Es un "ya basta" que es posible y hasta probable que no desemboque en nada concreto que ocupe las primeras planas de los media, pero la semilla de la increencia y del desengaño ya está echada, y a mi parecer sembrada en tierra muy fértil, la del joven manipulado,la del trabajador engañado, la del hombre y la mujer que ya no se conforma con mentiras edulcoloradas ni medias verdades. Hay que levantar muros de contención a la infame tropa de los usureros, de los acomodados al Sistema que sueñan con ninfas rosas en los estanques líricos de la nadería; hay que desenmascarar a los siervos del Poder político o/y financiero-la voz de su Amo- que proclaman sin destellos de vergüenza, las mentiras y tretas que les dictan desde las poltronas a las que ellos mismos aspiran en su adoración estúpida.
"Si no nos dejáis soñar, no os dejaremos dormir". Me parece una frase feliz y bien hallada, más allá del poder mediático de sus palabras o de su sentido práctico. Suena hasta políticamente correcta, pero en sus fondos de ira y hartazgo yacen rasgos de verdad y de cólera apenas contenida de todos aquellos que en los comienzos de la joven democracia hispánica, no quisimos ver este triste y decepcionante espectáculo que en estos días nos ocupa el sentimiento cuando miramos a nuestros dirigentes, y de todos los jóvenes que ebrios de promesas incumplidas y de pactos rotos no desean vivir el resto de sus días mendigando aquello que se les prometió con toda la dignidad que se merecía: un trabajo y una vivienda digna en un entorno de libertad, respeto y honradez.
El pueblo -otra vez suena bien esta palabra- desea dirigentes que se dediquen a aquello por lo cual les elegimos, con honradez, espíritu de servicio y transparencia, con inteligencia e imaginación; todo lo que no sea eso sobra en nuestros ayuntamientos, comunidades y demás asambleas del estamento político. Por todo ello, no está nada mal que en estos días de campaña electoral se les recuerde y se les haga saber que creemos en la democracia pura y llana, sin dobleces ni adjetivos, y que necesitamos que nada ni nadie nos baje ni un solo escalón de los podios que con tanto sudor, a veces sangre y con mucho sudor y dolor, España en particular y Europa en general ganamos en dura lucha contra las dictaduras de todo tipo y condición.
(La foto que acompaña al texto pertenece a Lawrence Paiken)



