jueves, 19 de noviembre de 2009

Separación


....Cuando el vértigo ciego de la noche
nos dispersó con su mano invisible,
abrazado a la carne inerme de tu silencio
me cubrí con la esperanza del usurero
que en la soledad táctil de las horas
cuenta y recuenta visiones imaginadas,
secretos de amor, regalos insoñados,
juegos entre tú y yo,
cuentos....

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Hasta luego, amigo


Esto que más abajo subscribo y firmo fue el intento vano de que un buen amigo, forero de METEORED (posiblemente el mejor foro de meteo de Europa), se desdijera de su adiós a dicha web y no se alejara del calor amigable de las charlas que tanto nos entretuvieron durante tanto tiempo.

No le convencí; sin embargo, puesto que el verano se alarga (¡Coño que si se alarga...!) he pensado hacer un "cut and paste" de las palabricas con las que probé a desanudar su promesa de marcharse, palabricas que por su enjundia y colorido he creído merecedoras de ser expuestas en este escaparate público del blog.

Todo ello, a la espera de que las musas otoñales se decidan de una puñetera vez a hacer acto de presencia por nuestra tierra. Porque de muchos es sabido -si es que han tenido la molestia de acercarse a mi persona y conocerme aunque sea minimamente-, el otoño, la antesala del "Sancta Sanctorum" de mi diosa particular, Hécate, "me pone" y ayuda a que el poemario que se cuece noche y día dentro de mi imaginación deje de ser latido anónimo del corazón y se haga "aria cantata" en los oídos del alma de todo aquel que me lea; con ello me conformo y aún con menos, que uno no es muy acaparador de aplausos y piropos, aunque reconozco que muchas veces me los merezco si hago comparativas con otros juglares de mi estirpe y tiempo.
Y dicho esto, vayamos al grano, que dijo aquel...


No sé si leerás estas líneas, porque igual que cuando uno piensa en la muerte tiene la secreta e inconfesable creencia de que podrá ver a través de algún agujero al mundo huérfano de uno mismo, así también pienso que quizá estés satisfaciendo alguna querencia del ego y leyendo cómo se ha quedado el Foro sin ti.
Seguro que tendrás tus razones, como yo las tuve cuando hice el intento de abandonar esta república de cielos clariones o ennubarrados; tú sabrás, pero de lo que no hay duda alguna es que con tu ausencia las personas que acostumbramos a razonar más allá de las líneas establecidas por la razón y la lógica perdemos un valioso personaje.

Llevo en Meteored muchos años y he visto abandonar este ágora a gentes muy valiosas; gentes cuya razón primordial quizá no fuere la meteo sino la necesidad imperiosa de hablar (o decirse a uno mismo; muchas veces es lo mismo) de esos contrapesos que a "los machos listos" que decía mi amigo Plinio, el de Tomelloso, nos lastran y nos impiden llevar una vida satisfactoria y plana como la de los idiotas; o si prefieres, como la de los pequeños hombrecillos grises y burgueses que no dudarán en matarnos por sus ideales de sofá, polvo semanal y telekaka.

No te estoy pidiendo que vuelvas, pero la sugerencia es tan ovbia...No obstante, si has elegido el silencio por el hastío de no repetirte o simplemente por no cansar al personal, que sepas que uno siempre vuelve como Sísifo a subir dolorosamente la piedra de la existencia una y otra vez; es el sino de los que sabemos algo de toda esta mentira tan hermosa que es la Vida.

Sólo te deseo que cuando estés en plena faena luchando por buscarle a tus emociones lugares más adecuados y luminosos, pienses que la necesidad de hablar del mundo propio es eterna y que por aquí la gente habla de eso cada vez menos y con una inquietante torpeza.
El foro, el mundo, la vida en sí misma, se empobrece si los mejores os marcháis; cosa curiosa, los mejores ciudadanos de esta república tan particular no suelen hablar mucho de meteo... Los nubarrones y los cielos azules pintan mas por dentro, y es posible que hasta los truenos suenen mejor en la carcasa del alma.

Así que, Oh tú, Ulises, que los hados te acompañen en tu travesía por estos mares procelosos en donde muchas veces navegamos como Tristán, sin velas, remos o gobernalle, acompañados por la solitaria música de la lira y con la mirada siempre fija en Isolda, digno ideal de todo caballero que se precie, en medio de la única y más emocionante aventura que cualquier ser humano pueda paladear: la Vida.
Un abrazo

lunes, 26 de octubre de 2009

That's Art


Podríamos perdernos en vaguedades y tecnicismos buscando la definición estricta de lo que es el Arte. Un academicista quizá nos dijera que el Arte es la expresión de lo que de bello tiene la realidad, y tendría razón. Un creyente heterodoxo tal vez nos confesaría que el Arte es la mirada de Dios sobre el mundo, y por lo tanto el mismo Dios contemplándose a sí en cuanto expresión viva -animada o no- de su propio pensamiento. ..
Si yo me atreviese a presentar mi propia visión sobre el asunto, añadiría a todo ello diciendo que el Arte es la casa del Deseo, porque tiene la magia suficiente como para que nuestras ansias más recónditas se cumplan; o al menos se aplaquen, cobrando vida en los escenarios de la imaginación, en donde podemos ser testigos inafectados y al mismo tiempo hacedores de todo aquello que los dioses tantas veces nos niegan, unos dicen que por azar, otros moralizan la causa dolosa acudiendo a la necesidad.
El Arte es el escape perfecto para pasar del Desear al Querer, sin que hagamos mayor gasto en ello. Digo esto porque yo pienso que se puede hacer una clara distinción entre el Desear y el Querer.
El Deseo está dentro de nosotros como motor de vida, esperando que algo lo mueva hacia afuera, que lo incite y lo invite a apoderarse de ese trozo de ajeneidad que se nos presenta. Vivir es desear todo el tiempo, ser influidos por el mundo y volcarnos sobre él con el ánimo de apoderárnoslo, hacerlo nuestro y construirlo a nuestra imagen y semejanza si es posible. Nace pues el Deseo primero, y luego la Querencia. Pero para "querer" no sólo hay que poner en marcha a la voluntad, sino que también tiene que establecerse de algún modo un contacto material con el ser deseado.
En el Querer hay necesariamente un movimiento centrífugo del yo a la "realidad" próxima o lejana, y como consecuencia influimos sobre ella y, querámoslo o no, la transformamos.
Sin embargo yo puedo desear a una mujer, pongamos por caso, soñar con ella despierto, poemizarla, esculpirla, filmarla, pintarla o musicarla, y no acercarme a ella en absoluto.
Y eso es así porque en última instancia, reconozcámoslo o no, no la quiero "tal como es"; puede que haya una voluntad insuficiente, un miedo al contacto o una imposibilidad de cualquier clase; la consecuencia es que de tal "impureza" mi deseo nace solo. Renuncio en cierto modo a apropiarme y dejarme que me posea el objeto de mi deseo, y por tanto me enamoro del deseo porque sé que es parte de mí mismo. Todo queda en mí, es un movimiento centrípeto, no hay transformación aparente del objeto deseado; en todo caso es el observador el que sufre el cambio, si es capaz de narrar por cualquiera de los medios de que el Arte dispone la subjetividad sentida ante la visión externa del objeto que despertó su deseo. ..
Mi padre fue un hombre bueno, en el más extenso sentido del término “bueno”. Como persona que vivió junto a mí tantos años,  no era un ser perfecto porque la palabra perfección fue desterrada por la mente humana hace milenios, cuando puso a la Ley por encima del Hombre y al Hombre al servicio de la Ley. Pero no hay Ley en un hijo cuando juzga a sus padres, o al menos así debería ser, y la revista literaria La Sierpe y el Laúd me dio generosamente la oportunidad de demostrarlo cuando me publicó un relato sobre él.
Gracias a la revista literaria ciezana, murciana, y casi universal ya a la que pertenecí algunos años,  la percepción que tenía sobre la persona de mi progenitor creció en cariño y en belleza;  no me dijo jamás lo que pensó cuando leyó mi relato, sin embargo la visión que yo tenía sobre él sufrió algún cambio. Desde entonces hasta que nos despedimos a las orillas de la muerte, lo sentí más dentro, más cercano, más “mío”. Interioricé su existencia, parte importantísima de mi vida, y a través de la palabra pude acercarme a su identidad todavía más de lo que lo había hecho en todos los años anteriores.
  Por lo tanto, no quiero decir con todo esto que el artista prescinde del mundo, ni mucho menos. El verdadero artista se mueve con el mundo, le sacude la materialidad que lo ahoga, en cierto modo se apropia de él, lo sublima y le devuelve la dignidad que el sufrimiento le ha robado. El escritor -más cercano a mi vocación que cualquier otra rama del Arte- no intenta en principio cambiar nada ni a nadie; pero de su palabra, la emoción más irracional o el sentimiento sin dueño que tantas veces nace del corazón humano, cobran identidad, se hacen universales y adquieren la paternidad deseada que la animalidad le sustrajo en el mismo momento de nacer.
Es entonces cuando surge el Arte, el velo de belleza que cubre mi deseo, que me desvela por completo o a esa parte de mí que soy incapaz de ver si no es a través de ese poderoso atractor que nace, vive y respira dentro y fuera de mí. En el fondo se trata de un juego en donde el buscador, a través de la palabra si es el caso del escritor, intenta encontrarse a sí mismo; cuando la imagen en el poema, o en la novela o cuento esté bien enfocada, la búsqueda habrá acabado porque el buscador es en última instancia lo buscado y quizá sea ese el postrer propósito del Arte.
El mito de Narciso se remueve entonces en las aguas oscuras de la vida para redescubrir que el sentido de lo bello está dentro del alma humana y que la belleza que arroba, que cautiva al alma es, en definitiva, el propio Artista, el cual "se cosifica", se instrumentaliza para existir sólo para y por la imagen que ha captado fugazmente en el estanque de la vida, su propia imagen, la imagen del Dios hecho palabra y tiempo.

miércoles, 30 de septiembre de 2009

Y el silencio olía a ti


Fue un atardecer de oro.
El río vestía de verde viejo,
puñales de sangre abrieron la noche.
Entre el suave meneo de aires y cañas,
la luz estalló a lo lejos.

Los lazos de la brisa anudaron
terciopelos negros en mis dedos,
mientras el sol se cuajaba en sombras
que orillando contrastes,
buscaban con sus lenguas
la atonalidad distante de todas las cosas.

Mecida por el véspero,
la imagen rota de una idea
dejó de ser pasado imperfecto,
y en un hueco de mi memoria
comenzó a crecer un musitado “te quiero”.
El vago perfil de tu presencia
esbozó entonces el paisaje de un sueño,
y un perfume añejo como el tiempo,
saboreó el lento desfilar de la horas.
Y fue la mañana
y ya no eras.

Rumoroso, quedo, primitivo,
el río fue levantando árboles,
bañando hojas,
y en la soñolienta agridez del nuevo día
mi Yo pregonó su silencio,
y el silencio olía a ti.

sábado, 26 de septiembre de 2009

B.B. cumple los setenta y cinco


Confieso que me ha cogido de sorpresa, porque no creí jamás que uno de mis mitos eróticos fuese tan mayor. Y es que madame Bardot, la BRIGITTE, la francesita de labios carnosos que mi imaginación los hacía cumplidores al tiempo que modélicos, completará el lunes su 75ª vuelta alrededor del sol.

Aquella BB sensual donde las haya y tan apetecible, al igual que The Beatles, o The Rolling Stones, o Bob Dylan y tantos otros maestros del arte y de la imaginación, fue uno de aquellos "objetos pop de culto" que la dictadura franquista nos robó a los jóvenes y no tan jóvenes de aquella maravillosa década de los 60 de la que tuvimos noticias completas tarde, demasiado tarde para alistarse uno en sus filas y defender o saborear los ideales y las imágenes de todos aquellos mis héroes de leyenda juvenil, que en aquellos dos históricos lustros pasearon su existencia por el calendario en sombras de aquella España cuartelaria de misas y rancho pobre.

Aquella francesita prototipo de la Lolita de Nabukov, la de la voz insinuante de la primera versión de "je t'aime, moi non plus", la musa francesa que exportó su imagen y semejanzas a todo el mundo hasta hacer exclamar a De Gaulle que junto con la Renault, era el objeto mejor exportable de la douce France, llegó tarde a mi vida, como tantas cosas para los de mi generación de confesionario y viernes de pasión y penitencia.

Pero como más vale tarde que nunca, el icono sexual de los 60, tarde, muy tarde, ya digo, se me presentó una noche en la pantalla del cine Galindo susurrándome deseos inconfesables mientras su esposísimo, un tal Roger Vadim, me comunicaba por el otro oído el mensaje principal de aquella velada de cine y pipas: Et Dieu crèa la femme.
Fue entonces cuando comprendí el Génesis de mis sueños y ya todo no fue igual, a pesar de que Moisés se empeñó una y mil veces en recitarme el Decálogo judío desde la cumbre de su Sinaí.

Su recorrido posterior por los salones de la política me resbalan por los canalillos del olvido...Que si defendió a los animales pero atacó a los inmigrantes, que si esto y lo de más allá...
BB, la única "gabacha" a la que concedería mesa, techo y cama (bueno, lo de cama es mucho decir) se me quedó hospedada en los circuitos más nobles de mi memoria como lo que fue y representó en la vida de tantos hombres de cualquier longitud y latitud de este planeta; como la compañera a la que alguna vez quisimos tener y poseer, aunque sólo fuese por alardear de hembra o por aprender su lengua, que era tan dulce entonces como la geografia de piel y besos de su cuerpo.
Dios me perdone y nos tenga a los dos en su bendita Gloria cuando haya menester.

lunes, 21 de septiembre de 2009

Post estío




Se apagan los días del verano y con ellos se marchan mis pasos
sobre las arenas del viento al destierro del frío invierno,
cubriendo todos mis empeños en pura arqueología rústica,
jardines de piedra, plegarias inútiles cobijando bajo el temblor
de mis hogueras la banalidad de mis sueños.
Queda aquí mi alma a las puertas del ocaso editando silencios,
tropezando como es ya habitual en mí entre ayeres y entonces,
pero respirando confiadamente de nuevo -¿por qué no?-
por entre las grietas de tu recuerdo,
mientras busco afanosamente el lenguaje que encontré en tus labios,
palabra húmeda en la noche insomne de la carne,
momentos de unos días en los que me perdí en tu sexo.

martes, 1 de septiembre de 2009

El duelo


Para uno, que es muy particular y así me reconozco y me lo reconocen los pocos que pretenden conocerme, con el último trallazo de la traca de la Feria de agosto, pone fin al año y se prepara para cubrirse con la mortaja del otoño. Tal que la idea crística; muero para renacer otra primavera, otro verano, si el Autor de mi vida así lo quiere o se le antoja.

Y como no teniendo nada en particular que decir todavía -mentira podría, claro, pero....- he encontrado en mis viejos papeles un poemilla que escribí allá por mi primera juventud dedicado al duelo; en concreto, la idea me vino inspirada al asistir al duelo por la muerte en trágicas circunstancias de un tío mío.

Que lo llores con provecho, tú, ser inteligente que has acertado a llegarte a este pago, con razones o al albur; que en los ignaros dictámenes de la divina providencia viene a ser lo mismo.

Nadie lo supo hasta que lo encontraron muerto.
En su mano pendía algo escrito,
quizá una factura,
algún recibo,
algún verso…

Vaciaron de tierra su tumba,
cercaron de soledad el huerto,
el notario certificó la despedida
y una lápida encarceló sus sueños.

El suelo irradiaba fuego;
por la piel quemada del paisaje
vagaba el estío ocioso.
La vecina seguía engañando al prójimo,
el señor feudal recuperaba lo perdido,
el cura llenaba de lágrimas el púlpito
-el confesionario olía a infierno-.

De noche, el mundo acurrucado en sombras
ponía sordina a la frustración
recortada en densos silencios,
mientras la pareja de civiles hacía la ronda
junto al abandonado convento.

Don Gaspar despertaba a su señora
-cien kilos de grasa y sebo-
mientras le echaba la pierna por encima
escondiendo el alma tatuada entre sus senos.
En la casa de enfrente se encendían “avemarías”.
El pueblo entero hacía la corte y el honor
a la joven viuda en su duelo.

Viejos consejos,
sobadas maneras,
un chiste mal ocultado,
cansancio en los llantos,
profundas ojeras.

Don Braulio,
soltero de profesión,
cincuenta años esperando desde su varonil acera,
ve alejarse la ilusión de llenar
de femeninas curvas su malgastada cama;
la cena, abundante y como siempre exagerada,
llenaba de gases la cárcava
y juntando con apuros las nalgas
rezaba por no explotar en silbidos y truenos
en aquella santa casa,
en donde las musitadas plegarias
ahuyentaban el ruido del dolor entresijado en las almas.

Pasaban las horas,
el frío tiritaba entre mandíbulas huecas.
La zorrera tabaquil nublaba la mirada
de Don Braulio,
empeñado en examinar a la enlutada viuda,
la cual, al tiempo que ensartaba los rezos del rosario,
había dejado escapar al suelo
-más por cansancio que por otra vana querencia-
el velo protector de sus piernas.

La noche resbalaba entre suspiros y ayes.
Los gallos daban sus iniciales cantos.
Había sueño en las escasas palabras
y los rezos y consejas habían hecho ya
la última despedida al muerto.
Poco a poco la parroquia se fue marchando,
y entre "adioses" y “hasta mañanas”
el muerto y su heredad
se fueron quedando solos.