martes, 30 de noviembre de 2010

A Dulcinea.- Alonso Quijano



.....Pero también he aprendido 
que la belleza puede helarte el corazón; 
porque todo lo que camina, vuela, nada, corre o repta por la vida 
tiene un lado de amargura, de negror inmundo, 
de noches sin fin y de amaneceres sin luz, 
reflejos de cielos sumidos en la penumbra, frente a frente, 
como dos espejos que no se dicen nada. 

Tal vez por eso empecé a distanciarme de ti, mi rosa gélida, 
cuando no encontré rastro de mí en tus pupilas 
mientras me mirabas, 
ni palabras que edificaran mi verbo 
cuando te hablaba, 
ni tan siquiera un pulso compartido 
si te acariciaba.

Hay distancias imposibles entre los deseos y los sueños 

que un hombre no puede cubrir, querida. 
Y tú, que conoces mis más pequeños secretos, 
sabes que debería ser hora ya de partir hacia la ciudad 
en donde yacen los puros anhelos, 
ansiosos ellos quizá a que yo les de forma 
con los ojos apasionados que tú no ves, 
con el verso herido que tú ya no escuchas, 
con las manos y los brazos en donde ya no buscas 
la calidez que cobije a tu hermosa arquitectura de mujer, 
de la que tan desterrado me siento 
en estos días de dolor y de ceniza...

2 comentarios:

Anónimo dijo...

una consulta que ocurre con dulcinea cuando ve de nuevo a alonso quijAno

Pedroluis Almela Valchs dijo...

Pudiera ser. Gracias por comentar.