sábado, 9 de mayo de 2009

Erik, el rey



Los días de Erik V Glipping se acaban. Él lo sabe, lo barrunta, cuando se confiesa cansado y vencido por todas las intrigas que sus mismos nobles han tramado para hacerle caer del trono de Dinamarca.
No ha sido fiel a los amigos, ha engañado a propios y extraños y poco ha sido el provecho de su política errante ante Dios y ante su Iglesia teniendo que ceder derechos y privilegios a nobles y obispos.
Pero a pesar de todo ello, aún a sabiendas de que no ha sido un buen ejemplo para sus propios hijos, Erik y Cristóbal, y que cambió el lecho de su esposa Gunnhildr, la reina fiel, por la juventud ardiente y mendaz de la esposa de Einarr, a la sazón su mejor y único amigo, en las horas amargas que preludiaban su muerte a él se confiesa en este bello poema que Adam Oehlen Släger rescata del pozo de la leyenda.

Porque nos fue dada la palabra
y la presencia de la luz en medio de las tinieblas,
es tiempo ya de que iniciemos, amigo Einarr,
sin premuras pero sin pausas melancólicas,
el camino que hay más allá de los miedos
y de la desesperanza de estos días.

Porque vemos que la fuerza nos traiciona
y aquellos con los que contábamos
nos olvidan y abandonan,
horas son ya de que vayamos abandonando
los inventos y el tiempo de los hombres
y comencemos a desvelar
y a saludar con profundo regocijo,
el amable rostro de Dios,
sus inventos y sus eternidades.


Einarr, su mejor guerrero y consejero además de amigo, perdona, escucha y comparte la pena; ello no es óbice para que nada más amanecer el nuevo día dé muerte al rey y él mismo se arroje por la ventana de la torre más elevada de palacio. Es el precio del honor mancillado, pero también el precio que la amistad le impone y al mismo tiempo su propia derrota, como esposo y como servidor del rey.

2 comentarios:

Horrido dijo...

Épico y actual. La foto, como siempre una gozada.
"Sólo traicionan los amigos. A los otros los ves venir" A.H.
Pd. Críptico ¡Eh! Pedro J.

Shlevs, Prince of Everything. dijo...

"Sólo traicionan los amigos..." Muy inteligente el comentario, Luis.
Un abrazo