miércoles, 8 de marzo de 2017

Coacción




No, no me gusta. No me gusta que porque a una tiparraka (sic, coño, que es vasca) se le haya ido la luz, la olla y la lengua, se me impida ejercer mi sagrado derecho a la libre elección. No, no me gusta. Ya pasó con Fernando Trueba y su bocachancla cuando se malmetió con mi país denigrándolo, y ahora ha vuelto a pasar. 
Estamos muy sensibles ultimamente, nos estamos convirtiendo en individuos demasiado tribales conforme vamos abriendo la lata del siglo XXI. La inseguridad nos acogota ante la pérdida de esos valores de antaño que tanto nos predicaron nuestros mayores y guardamos con un celo excesivo los nombres más sagrados que como colectividad heredamos de un tiempo ya pretérito y casi acabado, la patria, los valores raciales, los himnos y banderas y toda esa parafernalia tras la que tantas y tantas veces se ha escondido el personal más despreciable de nuestra ya larga historia. Pero también el santo y seña de la casa común de tantos héroes anónimos que hacen de sus días batallas interminables, aquí y ahora, sobre este suelo, bajo este mismo cielo,  a sabiendas de que la Gran Guerra de la vida no la van a ganar jamás.
Me ha dolido el discurso zafio y burdo de la "tía esa" y de sus acólitos, lo reconozco; quizá porque amo a este país casi tanto o más de lo que lo odio, sí, a partes iguales... 
     Y miren lo que les digo: acabo de leer el libro en que se basa la peli y puesto que me ha gustado bastante, tengo la sana curiosidad de ver y apreciar hasta qué punto el guión cinematográfico se ha ajustado a la obra de Dolores Redondo, autora que ostenta el Premio Planeta 2016, ahí es ná, que decimos por Murcia.
No, no me gusta que me digan lo que tengo que ver y a dónde tengo que no ir, porque a una de sus actrices (secundaria en el reparto del film) se le ha haya cruzado algún cable (o no) consiguiendo ser en las olimpiadas de la idiotez, la más tonta y procaz. 
No, no me gusta que haya gentes que me recomienden “hacerle la cobra” a todo un equipo de personas armadas con la ilusión de ilusionarme con su historia a través de sus imágenes proyectadas en una pantalla de cine; quizá es que anda uno bastante escaso de ilusiones...
¿Insulta e indigna quien quiere o quien puede? ¿Me siento yo insultado cuando esa lenguaraz habla de que el español o española es poco menos que un cateto inculto, una especie de sub hombre incapaz de bajar del árbol y caminar con dos patas, o sea, piernas...? He visto el vídeo de la tele vasca -tele pública para más inri- lo he escuchado con atención y al terminar me he dirigido al espejo más próximo y me he mirado bien; después de un buen rato de ver mi imagen, no he apreciado que haya disminuido ni aumentado mi altura, ni que mis ojos hayan cambiado de color, ni que las muchas canas que aureolan mi cabeza hayan ennegrecido, ni que las arrugas que dibujan en mi rostro la geografía de mi vida hayan desaparecido, ni que mis dientes algo oscuros por nicotina y alquitranes hayan blanqueado siquiera una pizca, ni que mis problemas y ocupaciones y miedos y ansiedades diarias se hayan desvanecido. 
Nada de eso ha ocurrido. Ahí estaba yo, el mismo de siempre, tan torpe e inteligente a partes iguales, tal como me reconozco desde hace...muchos años.
¿Dónde está el insulto entonces? Yo por si acaso lo he dejado en el retrete, he tirado de la cadena y me he vuelto a sentar a leer. 
Sé lo que soy. Nací en España y me siento español, hice la mili lejos, en tierras lejanas, y besé y juré su bandera. Pero por encima de todo soy o quiero ser un ser humano, un buen liberal que aprecia el don que me dio la vida, el don más preciado, mi libertad. Y no va a venir a estas alturas del calendario de mi vida una "tipeja" a robarme el derecho que tengo de hacer con mi vida lo que me apetezca, siempre sin dañar la libertad de hacer lo mismo del vecino más próximo o lejano, por supuesto
Me acabaré el libro e iré al cine, y a lo mejor hasta busco por Internet y me entero de cuándo es su cumple y le regalo otro libro, uno de Historia, de la Historia de mi pueblo y del suyo, de la que hicimos juntos, para lo bueno y para lo menos bueno. Porque este cateto y sub homo ibericus (la tonta del bote dixit) que esto escribe y muy cargado de indignación, sabe leer y por eso sabe algo de Historia; y por eso mismo, añado, sabe que a las tontas y tontos del culo hay que vacunarlos con cultura y con educación; la cultura y educación que yo tengo y que ella no.