miércoles, 3 de septiembre de 2008

Atardeceres


Auparme en el suspiro último de la tarde
con la despedida del día,
mientras las horas se cubren de noche joven
y las estrellas asoman aleluyas en las alturas.
Deambulo por los salones de la memoria;
escojo el sepia de la mañana,
lo sopeso durante unos segundos
y luego le encargo al olvido
que me entierre las horas de luz
-pero también las sombras-
en cualquier fosa.

Atardeceres…
Juicios solemnes que discurren
entre la arqueología del despertar
y esta querencia mía
de apagarle al recuerdo su historia.
Atardeceres en el atrio de la luna...
Hacer caja de lo que se hizo sin sentir
y de lo que sentí no haber hecho,
mientras el véspero me medita
y me aligera en su diálogo callado con el alma
aprovechando mi momentánea ausencia...

Mañana empezaremos otra vida y te quiero presente
en el espejo hambriento de mi primera mirada,
no vaya a ser que el miedo a nacer de nuevo
encharque los humedales de mi nostalgia
y me ponga a pensar
que todo esto no es más que locura,
un mal negocio que alguien abrió por mí
cuando paseaba las eternidades sin nombre ni medida
por los infinitos arrabales de la nada.

3 comentarios:

Antonio F. Marín dijo...

"te quiero presente en el espejo hambriento de mi primera mirada".
Una hermosa metáfora Pedro Luis, como todo el poema.

Shlevs, Prince of Everything, King of Nothing. dijo...

Gracias por tu amable comentario. Quedo a la espera de tu próximo libro.

angel almela dijo...

Nene, te has superado.
SOMOS EL TIEMPO
(http://aalmela.blogspot.com)