
Bueno, pues sí, lo he vuelto a hacer.
Busqué manos acariciantes y sólo encontré las mías, me afané en provocar abrazos y tu silencio me despidió a las afueras de tu cuerpo; intenté -te lo juro, cariño, de veras- que mis labios se encontraran con los tuyos y tus palabras alejaron el discurso del beso que con tanto ahínco te había preparado sólo para ti, mujer, en esta noche en la que las estrellas gritan solícitas por un cacho de amor entre tanto vacío como el que les rodea; más o menos como yo, mi vida.
Espero que el renovado perdón me abra de nuevo los portales de la esperanza; sé que por tu parte no habrá problema. Pero es que mi alma puede un día, mejor una noche, como ésta quizá, perder la ilusión de pedírtelo otra vez. Y no habiendo nada que perdonar ni nadie que me perdone, puede que entonces, sólo entonces, mis manos, mi boca, mis brazos y mi ser entero se entreguen a la primera memoria de mí; aquella que me arrebataron con la primera luz de la conciencia, cuando yo aún no era nadie...Ni tú, mi amor, ni tú...
Busqué manos acariciantes y sólo encontré las mías, me afané en provocar abrazos y tu silencio me despidió a las afueras de tu cuerpo; intenté -te lo juro, cariño, de veras- que mis labios se encontraran con los tuyos y tus palabras alejaron el discurso del beso que con tanto ahínco te había preparado sólo para ti, mujer, en esta noche en la que las estrellas gritan solícitas por un cacho de amor entre tanto vacío como el que les rodea; más o menos como yo, mi vida.
Espero que el renovado perdón me abra de nuevo los portales de la esperanza; sé que por tu parte no habrá problema. Pero es que mi alma puede un día, mejor una noche, como ésta quizá, perder la ilusión de pedírtelo otra vez. Y no habiendo nada que perdonar ni nadie que me perdone, puede que entonces, sólo entonces, mis manos, mi boca, mis brazos y mi ser entero se entreguen a la primera memoria de mí; aquella que me arrebataron con la primera luz de la conciencia, cuando yo aún no era nadie...Ni tú, mi amor, ni tú...
